El mundo se mueve contigo / Tecnosoluciones: la comunicación de los sordociegos
viernes, 25 de junio de 2010
El uso de las tecnologías
En este video se muestra cómo una persona sordociega utiliza los recursos tecnológicos en su vida cotidiana.
Audismo
Un video muy bueno de Lisandro en el que explica la etimología, significado y usos de una palabra: Audismo.
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martes, 22 de junio de 2010
Lengua de señas, Mundial 2010
Señas de los países que participan en la Copa del mundo Sudáfrica 2010.
De "JuancitoD" en YouTube.
Según un comentario de "alerost" estos son los países que nombra, en Lengua de Señas Argentina:
Grupo A: Sudáfrica, Uruguay, Francia y México
Grupo B: Argentina, Grecia, Nigeria y Corea del Sur
Grupo C: Inglaterra, Eslovenia, EEUU y Argelia
Grupo D: Alemania, Servia, Australia y Ghana
Grupo E: Holanda, Japón, Camerún y Dinamarca
Grupo F: Italia, Paraguay, Nueva Zelanda y Eslovaquia
Grupo G: Brasil, Corea del Norte, Portugal y Costa de Marfil
Grupo H: España, Chile, Suiza y Honduras
De "JuancitoD" en YouTube.
Según un comentario de "alerost" estos son los países que nombra, en Lengua de Señas Argentina:
Grupo A: Sudáfrica, Uruguay, Francia y México
Grupo B: Argentina, Grecia, Nigeria y Corea del Sur
Grupo C: Inglaterra, Eslovenia, EEUU y Argelia
Grupo D: Alemania, Servia, Australia y Ghana
Grupo E: Holanda, Japón, Camerún y Dinamarca
Grupo F: Italia, Paraguay, Nueva Zelanda y Eslovaquia
Grupo G: Brasil, Corea del Norte, Portugal y Costa de Marfil
Grupo H: España, Chile, Suiza y Honduras
Etiquetas:
fútbol,
Hipoacusia,
Lengua de señas,
lenguaje,
Mundial 2010
viernes, 18 de junio de 2010
Adios Saramago
Gracias por tus libros.
Este es un corto escrito y narrado por José Saramago. Eternamente gracias poeta.
Este es un corto escrito y narrado por José Saramago. Eternamente gracias poeta.
Etiquetas:
cine,
cuento,
hablar a un niño,
poesía,
Saramago
lunes, 14 de junio de 2010
El reflejo de las palabras
Transcribo unos párrafos de un libro: "El reflejo de las palabras" de Kader Abdolah, un escritor iraní.
Si bien la novela no me pareció muy buena, resulta interesante lo que sucede con el protagonista: Aga Akbar. Es una persona sordomuda que con un sistema sígnico creado por él mismo, basándose en la escritura cuneiforme que perdura en una caverna de su pueblo, escribe un libro con sus memorias. Este libro es traducido luego por su hijo Ismail, uno de los narradores. En el párrafo que sigue aparecen los mecanismos constitutivos que permitieron a Aga Akbar ser un escritor, a pesar o por la sordera.
"Hayar parió siete hijos, el menor de los cuales, Aga Akbar, nació sordomudo. La madre se percató de ello al primer mes. Veía que no reaccionaba, pero se negaba a creerlo. Nunca lo dejaba solo ni permitía que otros estuvieran mucho tiempo con él. Aguantó así seis meses. Aunque todos sabían que el niño era sordo, Hayar no consentía que nadie hiciera mención de ello. Por fin el hermano mayor de Hayar, Kazem Kan, consideró que era hora de intervenir. Él era un hombre libre, que solía cabalgar por la montaña. Era poeta y vivía solo en las afueras del pueblo, aunque nunca le faltaba una mujer. Los aldeanos veían siempre nuevas figuras femeninas en la luz que se reflejaba en la ventana de su casa.
Nadie sabía a qué se dedicaba ni adónde iba cuando salía, montado en su caballo.
Si había luz en la casa, significaba que estaba allí. «El poeta está en su casa», decía la gente.
No se sabía más de él, pero cuando lo necesitaban, siempre se mostraba dispuesto a echar una mano. En esas ocasiones se erigía en la voz de la comunidad. Si el cauce seco se llenaba de repente y el agua inundaba las casas de los aldeanos, acudía enseguida al galope y encontraba la manera de detener la corriente. Si de pronto morían varios niños y las madres temían por la vida de sus hijos, Kazem Kan aparecía montado en su caballo con un médico en la grupa. Y para los novios de turno que se casaban en el pueblo era un honor que él se acercara un momento a la boda.
• • •
Un día, Kazem Kan entró cabalgando en el patio de la casa de Hayar, se detuvo a la sombra del árbol centenario y, sin bajarse del animal, exclamó:
—¡Hayar! ¡Hermana!
Ella abrió la ventana.
—Bienvenido, hermano. ¿Por qué no entras?
—Pásate por mi casa esta tarde con tu hijo. Quisiera hablar contigo.
Hayar supo que Kazem Kan quería hablarle de Akbar. Comprendió que ya no podía ocultarlo.
Al caer la tarde, se ciñó el niño a la espalda y subió la colina donde estaba la casa que los aldeanos llamaban «joya caída entre los viejos nogales».
Kazem Kan fumaba opio, una costumbre que contaba con la aceptación general e incluso era considerada una señal de su nobleza poética.
Había encendido el fuego del hornillo, la pipa descansaba en la ceniza caliente recién formada, y en un platillo había opio picado de color marrón amarillento. El samovar estaba hirviendo.
—Siéntate, Hayar. Luego podrás calentarte algo de comida. A ver, pásame al niño. ¿Cómo se llamaba? ¿Akbar? ¿Aga Akbar?
Ella vaciló un momento y le tendió el pequeño a su hermano.
—¿Qué edad tiene? ¿Siete, ocho meses? Ve a tomar algo; quisiera estar un rato a solas con él.
La mujer sintió un gran peso sobre los hombros. No podía comer. Se puso a llorar.
—¡No, Hayar, no! No debes llorar. No te lamentes. Si lo escondes y te resignas, no conseguirás sacarlo de su ignorancia. Durante estos siete u ocho meses no ha visto nada, no ha hecho nada, no ha tenido un verdadero contacto con su entorno. En la montaña me encuentro con niños sordos y mudos por todas partes. Hemos de procurar que la gente hable con él. Lo único que necesitamos es una lengua, un lenguaje de gestos. Tendremos que crearlo nosotros. Yo te ayudaré. A partir de mañana, dejarás que también otros se ocupen de tu hijo. Permite que la gente entre en contacto con él, cada uno a su manera.
Hayar se llevó al niño a la cocina, y allí volvió a prorrumpir en lágrimas. Lágrimas de alivio.
Al rato, después de haberse fumado varias pipas de opio y sintiéndose por ello algo ligero y alegre, Kazem Kan fue a sentarse junto a su hermana.
—Escúchame, Hayar. No sé por qué, pero siento que debo influir en la vida de este niño. Nunca he tenido esta sensación con tus otros hijos, sobre todo por ser retoños de ese caballero, con quien prefiero no tener ninguna relación. Pero antes de que te marches, he de decirte algunas cosas importantes para el futuro de tu hijo. Y el caballero debe saber que yo soy el tío de Akbar.
Al día siguiente, Hayar llevó al niño a la casa del monte Lalezar. Era la primera vez que le enseñaba al padre alguno de sus hijos. Llamó a la puerta del estudio y entró con Akbar en brazos. Se detuvo un instante, pero luego depositó al niño encima del escritorio y dijo:
—Mi hijo es sordomudo.
—¿Sordomudo? ¿En qué puedo ayudarte?
Hayar tardó en mirarlo a los ojos.
—He venido a pedirle que le dé su apellido.
—¿Mi apellido? —preguntó sorprendido el caballero.
—Si se lo da, nunca más volveré a importunarlo —añadió Hayar.
Él guardó silencio.
—En más de una ocasión usted me dijo que yo le agradaba y que me guardaba respeto, y que siempre podría pedirle lo que quisiera. Nunca lo he hecho, porque nunca he necesitado nada. Ahora le ruego que le conceda a mi hijo su apellido. Sólo eso. No le pido ninguna herencia. Haga constar el apellido de Akbar en algún papel.
—Dale algo de comer para que deje de llorar —contestó el caballero tras una larga pausa. Se incorporó, abrió la ventana y llamó a su criado—. Ve a buscar al imán ahora mismo y tráelo aquí. Lo espero.
El clérigo no tardó en acudir. El príncipe se encerró con él en el estudio, mientras Hayar esperaba en otro cuarto. El religioso anotó unas frases en su libro y a continuación redactó un acta, que firmó el caballero. Todo se solventó en un santiamén, y el imán volvió a partir en su burro.
—Aquí tienes, Hayar. Esto es lo que querías. Pero no olvides una cosa: esconde ese papel en alguna parte y mantenlo en secreto. Sólo podrás enseñárselo a otras personas cuando yo muera.
Ella lo ocultó bajo la ropa y quiso besarle la mano al caballero.
—No hace falta, Hayar. Puedes irte a casa. Y pásate por aquí de vez en cuando. Siempre te lo he dicho, y te lo repito de nuevo: es cierto que me agradas, y desearía seguir viéndote.
La mujer volvió a ceñirse el niño a la espalda y se marchó. Mientras descendía las montañas, fue consciente de que su hijo llevaba un antiguo e ilustre apellido: Aga Akbar Majmud Jazanviye Jorasani."
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Si bien la novela no me pareció muy buena, resulta interesante lo que sucede con el protagonista: Aga Akbar. Es una persona sordomuda que con un sistema sígnico creado por él mismo, basándose en la escritura cuneiforme que perdura en una caverna de su pueblo, escribe un libro con sus memorias. Este libro es traducido luego por su hijo Ismail, uno de los narradores. En el párrafo que sigue aparecen los mecanismos constitutivos que permitieron a Aga Akbar ser un escritor, a pesar o por la sordera.
"Hayar parió siete hijos, el menor de los cuales, Aga Akbar, nació sordomudo. La madre se percató de ello al primer mes. Veía que no reaccionaba, pero se negaba a creerlo. Nunca lo dejaba solo ni permitía que otros estuvieran mucho tiempo con él. Aguantó así seis meses. Aunque todos sabían que el niño era sordo, Hayar no consentía que nadie hiciera mención de ello. Por fin el hermano mayor de Hayar, Kazem Kan, consideró que era hora de intervenir. Él era un hombre libre, que solía cabalgar por la montaña. Era poeta y vivía solo en las afueras del pueblo, aunque nunca le faltaba una mujer. Los aldeanos veían siempre nuevas figuras femeninas en la luz que se reflejaba en la ventana de su casa.
Nadie sabía a qué se dedicaba ni adónde iba cuando salía, montado en su caballo.
Si había luz en la casa, significaba que estaba allí. «El poeta está en su casa», decía la gente.
No se sabía más de él, pero cuando lo necesitaban, siempre se mostraba dispuesto a echar una mano. En esas ocasiones se erigía en la voz de la comunidad. Si el cauce seco se llenaba de repente y el agua inundaba las casas de los aldeanos, acudía enseguida al galope y encontraba la manera de detener la corriente. Si de pronto morían varios niños y las madres temían por la vida de sus hijos, Kazem Kan aparecía montado en su caballo con un médico en la grupa. Y para los novios de turno que se casaban en el pueblo era un honor que él se acercara un momento a la boda.
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Un día, Kazem Kan entró cabalgando en el patio de la casa de Hayar, se detuvo a la sombra del árbol centenario y, sin bajarse del animal, exclamó:
—¡Hayar! ¡Hermana!
Ella abrió la ventana.
—Bienvenido, hermano. ¿Por qué no entras?
—Pásate por mi casa esta tarde con tu hijo. Quisiera hablar contigo.
Hayar supo que Kazem Kan quería hablarle de Akbar. Comprendió que ya no podía ocultarlo.
Al caer la tarde, se ciñó el niño a la espalda y subió la colina donde estaba la casa que los aldeanos llamaban «joya caída entre los viejos nogales».
Kazem Kan fumaba opio, una costumbre que contaba con la aceptación general e incluso era considerada una señal de su nobleza poética.
Había encendido el fuego del hornillo, la pipa descansaba en la ceniza caliente recién formada, y en un platillo había opio picado de color marrón amarillento. El samovar estaba hirviendo.
—Siéntate, Hayar. Luego podrás calentarte algo de comida. A ver, pásame al niño. ¿Cómo se llamaba? ¿Akbar? ¿Aga Akbar?
Ella vaciló un momento y le tendió el pequeño a su hermano.
—¿Qué edad tiene? ¿Siete, ocho meses? Ve a tomar algo; quisiera estar un rato a solas con él.
La mujer sintió un gran peso sobre los hombros. No podía comer. Se puso a llorar.
—¡No, Hayar, no! No debes llorar. No te lamentes. Si lo escondes y te resignas, no conseguirás sacarlo de su ignorancia. Durante estos siete u ocho meses no ha visto nada, no ha hecho nada, no ha tenido un verdadero contacto con su entorno. En la montaña me encuentro con niños sordos y mudos por todas partes. Hemos de procurar que la gente hable con él. Lo único que necesitamos es una lengua, un lenguaje de gestos. Tendremos que crearlo nosotros. Yo te ayudaré. A partir de mañana, dejarás que también otros se ocupen de tu hijo. Permite que la gente entre en contacto con él, cada uno a su manera.
Hayar se llevó al niño a la cocina, y allí volvió a prorrumpir en lágrimas. Lágrimas de alivio.
Al rato, después de haberse fumado varias pipas de opio y sintiéndose por ello algo ligero y alegre, Kazem Kan fue a sentarse junto a su hermana.
—Escúchame, Hayar. No sé por qué, pero siento que debo influir en la vida de este niño. Nunca he tenido esta sensación con tus otros hijos, sobre todo por ser retoños de ese caballero, con quien prefiero no tener ninguna relación. Pero antes de que te marches, he de decirte algunas cosas importantes para el futuro de tu hijo. Y el caballero debe saber que yo soy el tío de Akbar.
Al día siguiente, Hayar llevó al niño a la casa del monte Lalezar. Era la primera vez que le enseñaba al padre alguno de sus hijos. Llamó a la puerta del estudio y entró con Akbar en brazos. Se detuvo un instante, pero luego depositó al niño encima del escritorio y dijo:
—Mi hijo es sordomudo.
—¿Sordomudo? ¿En qué puedo ayudarte?
Hayar tardó en mirarlo a los ojos.
—He venido a pedirle que le dé su apellido.
—¿Mi apellido? —preguntó sorprendido el caballero.
—Si se lo da, nunca más volveré a importunarlo —añadió Hayar.
Él guardó silencio.
—En más de una ocasión usted me dijo que yo le agradaba y que me guardaba respeto, y que siempre podría pedirle lo que quisiera. Nunca lo he hecho, porque nunca he necesitado nada. Ahora le ruego que le conceda a mi hijo su apellido. Sólo eso. No le pido ninguna herencia. Haga constar el apellido de Akbar en algún papel.
—Dale algo de comer para que deje de llorar —contestó el caballero tras una larga pausa. Se incorporó, abrió la ventana y llamó a su criado—. Ve a buscar al imán ahora mismo y tráelo aquí. Lo espero.
El clérigo no tardó en acudir. El príncipe se encerró con él en el estudio, mientras Hayar esperaba en otro cuarto. El religioso anotó unas frases en su libro y a continuación redactó un acta, que firmó el caballero. Todo se solventó en un santiamén, y el imán volvió a partir en su burro.
—Aquí tienes, Hayar. Esto es lo que querías. Pero no olvides una cosa: esconde ese papel en alguna parte y mantenlo en secreto. Sólo podrás enseñárselo a otras personas cuando yo muera.
Ella lo ocultó bajo la ropa y quiso besarle la mano al caballero.
—No hace falta, Hayar. Puedes irte a casa. Y pásate por aquí de vez en cuando. Siempre te lo he dicho, y te lo repito de nuevo: es cierto que me agradas, y desearía seguir viéndote.
La mujer volvió a ceñirse el niño a la espalda y se marchó. Mientras descendía las montañas, fue consciente de que su hijo llevaba un antiguo e ilustre apellido: Aga Akbar Majmud Jazanviye Jorasani."
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miércoles, 9 de junio de 2010
El castigo y la palabra
Estas reflexiones surgieron mirando una película: “21 gramos”, escrita por Guillermo Arriaga y dirigida por Alejandro González Iñárritu. El reparto está compuesto por Sean Penn, Naomi Watts y Benicio Del Toro, entre otros.
Uno de los personajes es un fanático religioso que durante la cena reprende a su hijo utilizando palabras bíblicas. Más allá del castigo, que un niño puede comprender cuando es impuesto por su padre, quiero pensar acerca del discurso que lo acompaña.
Todos los niños adquieren su bagaje conceptual, pueden conocer el mundo, mediante el diálogo en el hogar. Pero en este caso las palabras del padre aparecen como ajenas. Está atrapado en un tejido de poder: son palabras que hacen ver, hacen creer y hacen actuar.
En la escena de la película el niño es víctima de un castigo que no puede comprender, que excede al padre. Es una reprimenda impuesta por un orden ajeno, un orden religioso. Noten que después de los golpes el padre dice: “en esta casa no se pega”.
Hay ocasiones en que las palabras no sólo reflejan la realidad, crean una realidad. Cuando la influencia de los discursos sobre uno mismo y sobre los demás alcanza esta dimensión, la mayoría de las veces lo hace de una forma destructiva.
Les dejo el enlace del video en YouTube para que puedan ver la escena:
http://www.youtube.com/watch?v=xFg23rgbtY4
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Uno de los personajes es un fanático religioso que durante la cena reprende a su hijo utilizando palabras bíblicas. Más allá del castigo, que un niño puede comprender cuando es impuesto por su padre, quiero pensar acerca del discurso que lo acompaña.
Todos los niños adquieren su bagaje conceptual, pueden conocer el mundo, mediante el diálogo en el hogar. Pero en este caso las palabras del padre aparecen como ajenas. Está atrapado en un tejido de poder: son palabras que hacen ver, hacen creer y hacen actuar.
En la escena de la película el niño es víctima de un castigo que no puede comprender, que excede al padre. Es una reprimenda impuesta por un orden ajeno, un orden religioso. Noten que después de los golpes el padre dice: “en esta casa no se pega”.
Hay ocasiones en que las palabras no sólo reflejan la realidad, crean una realidad. Cuando la influencia de los discursos sobre uno mismo y sobre los demás alcanza esta dimensión, la mayoría de las veces lo hace de una forma destructiva.
Les dejo el enlace del video en YouTube para que puedan ver la escena:
http://www.youtube.com/watch?v=xFg23rgbtY4
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viernes, 21 de mayo de 2010
Los pueblos originarios
La Presidenta de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, recibió ayer a los integrantes de las comunidades originarias que marcharon hasta la Plaza de Mayo en Buenos Aires.Se preguntarán qué tiene que ver esto con el lenguaje.
Resulta que defender la cultura de las comunidades originarias es defender su lengua que puede desaparecer. Las personas se preocupan por salvar animales y plantas, pero olvidan el lenguaje. Resulta imporntante pensar lo que significa la pérdida de una lengua.
"Cuando una lengua desaparece, no son sólo palabras las que se pierden. Cuando se muere una lengua, es una visión del mundo lo que desaparece", dijo el poeta Nicaraguense Ernesto Cardenal.
Esta visión del mundo implica la interconexión con la naturaleza. Si estas culturas desaparecen, ellas y su íntima relación con la naturaleza se perderán para siempre. Así, se deviene en una uniformidad del saber del poderoso sobre el del conquistado. Esto pone en riesgo, por ejemplo, a la diversidad de cultivos a nivel global, y nuevas fuentes de medicinas podrían perderse también como resultado de la extinción de los idiomas, las culturas y las tradiciones indígenas.
Entre otras cosas, dentro del petitorio, los integrantes de las comunidades solicitaban que en sus escuelas se imparta una educación bilingüe que rescate su idioma.
Creo que todos los que nos interesamos por el lenguaje y por la educación debemos apoyar esta iniciativa, propiciar la protección de las lenguas, patrimonio inmaterial de la humanidad, y preservar la diversidad cultural.
miércoles, 19 de mayo de 2010
Leeme los labios
Un video muy interesante de un blog que visito.
Encuentren en los títulos del costado derecho "Mi lista de Blogs" y entren a "Leeme los labios", vale la pena.
Encuentren en los títulos del costado derecho "Mi lista de Blogs" y entren a "Leeme los labios", vale la pena.
Palabra y Poesía
El Diccionario de la Lengua Española, 1992, Real Academia Española, nos dice que "palabra" proviene del latín “parabola” y es el segmento del discurso unificado habitualmente por el acento, el significado y pausas potenciales inicial y final. La palabra puede ser estudiada desde diversos enfoques: -criterio fonológico: segmento limitado por pausas que constituyen el núcleo posible de un grupo acentual. – criterio funcional: la palabra es una unidad dotada de una función (aunque existen unidades mayores y menores que la palabra) -criterio semántico: la asociación de un sentido dado y un conjunto de sonidos dados dentro de una función gramatical -criterio morfológico: la palabra es la mínima forma libre, caracterizada por la posibilidad de aparecer libremente en cualquier posición de de cadena hablada.
Pero, a diferencia del diccionario las palabras tienen vida. Vuelan en los enunciados creando e incorporando sentido en el vuelo. Se hacen infinitas desde su existencia discreta. Se llenan de voces, de música, de matices. Igualitas en el código se hacen irrepetibles en su recreación.
Por eso son los poetas quienes mejor las definen.
Beatriz Arias en su libro "Pájaro en fuga" dice:
"La palabra que es alta como la sed de un ala
cazadora invencible de niños y ciudades
juega en su arco luminoso como un bailarín
que apuesta a su ilimitado trámite de sueños,
va de su cristal redondo buscándose en las ramas
vencidas de la tarde
y luego cae, lentamente
hacia el último beso del mar
en el silencio"
Pero, a diferencia del diccionario las palabras tienen vida. Vuelan en los enunciados creando e incorporando sentido en el vuelo. Se hacen infinitas desde su existencia discreta. Se llenan de voces, de música, de matices. Igualitas en el código se hacen irrepetibles en su recreación.
Por eso son los poetas quienes mejor las definen.
Beatriz Arias en su libro "Pájaro en fuga" dice:"La palabra que es alta como la sed de un ala
cazadora invencible de niños y ciudades
juega en su arco luminoso como un bailarín
que apuesta a su ilimitado trámite de sueños,
va de su cristal redondo buscándose en las ramas
vencidas de la tarde
y luego cae, lentamente
hacia el último beso del mar
en el silencio"
miércoles, 5 de mayo de 2010
El lugar del niño III, juegos de adultos
Muchas veces se toma a los niños como si fueran adultos pequeños. Una muestra de esto son las clasificaciones que suelen hacerse de los trastornos del lenguaje, en las que se adecúan los síntomas observables en adultos afásicos a la patología infantil. Claro... se antepone la palabra "retardo".
Pero en este caso pienso en los juegos que se les proponen y en la forma en que se les habla. Se suele creer que nuestro dominio del lenguaje es común a ellos.
"De él se habla mucho pero, a él, no se le habla" Dice Françoise Doltó, refiriéndose a los niños.
Observen este corte de la película "La familia" de Ettore Scola. En ella el director italiano nos muestra las rutinas de una familia de clase media en Roma. Recorre ochenta años en la vida y el recuerdo de Carlo (Vittorio Gassman), donde se lo describe en su situación vivencial. El pasillo de la amplia casona en que conviven generaciones de la misma familia es lo que une las distintas piezas, es el espacio común entre los miembros familiares. En este escenario se desarrolla la escena que recorté. Vean el "juego" entre tío y sobrino.
Pero en este caso pienso en los juegos que se les proponen y en la forma en que se les habla. Se suele creer que nuestro dominio del lenguaje es común a ellos.
"De él se habla mucho pero, a él, no se le habla" Dice Françoise Doltó, refiriéndose a los niños.
Observen este corte de la película "La familia" de Ettore Scola. En ella el director italiano nos muestra las rutinas de una familia de clase media en Roma. Recorre ochenta años en la vida y el recuerdo de Carlo (Vittorio Gassman), donde se lo describe en su situación vivencial. El pasillo de la amplia casona en que conviven generaciones de la misma familia es lo que une las distintas piezas, es el espacio común entre los miembros familiares. En este escenario se desarrolla la escena que recorté. Vean el "juego" entre tío y sobrino.
viernes, 30 de abril de 2010
El lenguaje en el aula según una escritora
Este es un artículo de Angela Pradelli, docente y escritora. Me parece muy interesante tanto para terapeutas como para docentes.
Lo comparto:
En la lengua se juega la identidad
Todo buen profesor sabe que, en el aula, cuando el lenguaje circula con vida entre docentes y alumnos, se construye una visión del mundo sostenida en la subjetividad de cada uno. La libertad es entonces la herramienta clave del aprendizaje.
Hace cinco años, en el marco del Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebró en Rosario, escuché a un poeta, el escritor nicaragüense Ernesto Cardenal, afirmar respecto a la muerte de las lenguas: "Cuando una lengua desaparece, no son sólo palabras las que se pierden. Cuando se muere una lengua, es una visión del mundo lo que desaparece". Partiendo de Cardenal, podemos llegar también a la otra orilla y preguntarnos: para que la lengua viva en las aulas, ¿qué es lo que se enseña y qué se aprende?
Los profesores, en nuestras clases, tenemos que valorar la vacilación de la lengua como algo sagrado, preservarla en lo insondable de la materia que enseñamos. Escribir una oración breve puede ser una operación compleja y dificilísima. Se ponen en juego no sólo la circulación de las palabras, también los silencios, las jergas, la cadencia, el fraseo. El lenguaje corre allí con su energía creadora. La polisemia de la lengua es casi permanente: es imposible hablar sin matices, es imposible desatender a la vitalidad de ciertas frases y tonos. Los acentos de un poema nos revelan un mundo y nos ocultan otros. La intensidad de una prosa que nos afecta puede perturbarnos.
Los alumnos que leen y escriben poesía en el aula se acercan al secreto más misterioso de la creación. Cuando los estudiantes elaboran argumentaciones y construyen relatos hablan también, siempre, de su propia identidad. Vivimos en un mundo que se desborda de señales, que está repleto de mensajes. Cada gesto, cada color, las posturas, incluso los silencios tienen algo para decirnos.
Pero necesitamos las palabras para cargar a cada uno de ellos de cierta significación. El punto y las comas marcan la respiración de nuestras enunciaciones. Cuando los alumnos construyen sus textos, orales o escritos, deciden también, en la compleja red de la sintaxis, dónde acontecerán sus propios silencios. En la construcción de textos los silencios ya no son sólo límites del lenguaje. En el silencio se oye el eco de la palabra que está presente incluso allí, en su ausencia.
El lenguaje tiene reflejos a partir de los cuales se instala en la creación. Los discursos que acontecen en el aula, los discursos de los otros y los propios, laten en la capacidad de su propia invención. Nada queda fuera: los enunciados de los medios, las conversaciones entre amigos y con las parejas, los mensajes de las autoridades de la escuela, la historia, la filosofía, el cine, la matemática, los blogs, el chateo, los muros del Facebook, los mensajes de texto, las canciones.
Nuestros enunciados, personales y también sociales, nuestros discursos amorosos, profesionales, los diálogos entre alumnos y docentes, cualquiera de nuestros discursos opera sobre una gramática compleja y traza un mapa de nuestra subjetividad. En los pliegues más remotos de nuestra intimidad hay elementos sociales y públicos que inciden en ella y la determinan. Es imposible no oír las distintas lenguas que circulan dentro de la misma lengua.
La riqueza de una clase puede ser ilimitada si valoramos los espacios de los diálogos "interlinguales". La capacidad del lenguaje es tremenda. Por la lengua construimos una mirada personal sobre el universo, nuestra propia humanidad depende de nuestras palabras.
La respuesta a qué se enseña y qué se aprende en las clases de lengua la encontramos también en aquel poeta nicaragüense cuando en Rosario habló de la vida de las lenguas. Hacia allí van los aprendizajes, hacia la construcción de una visión del mundo. En el aula, cuando el lenguaje circula con vida entre alumnos y profesores -en las bocas, los cuadernos, las pantallas- se construye, sobre todo, una visión del mundo.
Aunque por momentos, o quizás por eso mismo, el lenguaje se ponga imposible y nos haga balbucear a todos con una lengua de trapo. "Tropezamos, dice George Steiner, en ocasiones visceralmente con impalpables pero rígidos muros de lenguaje. El poeta, el pensador, los maestros de la metáfora, hacen arañazos en ese muro. Sin embargo, el mundo, tanto dentro como fuera de nosotros, murmura palabras que no somos capaces de distinguir."
La intensidad de las palabras que se dicen puede ser tan potente como el vigor de las palabras que se callan. Los que hemos hecho de la lectura y de la escritura los ejes de los aprendizajes, construimos las clases sobre estas dos columnas que nos sostienen y nos permiten atravesar con nuestros alumnos los umbrales siempre infinitos que nos internan en el nervio de las palabras, en la ambigüedad, y también en la música, los sonidos y en el silencio.
Lo comparto:
En la lengua se juega la identidad
Todo buen profesor sabe que, en el aula, cuando el lenguaje circula con vida entre docentes y alumnos, se construye una visión del mundo sostenida en la subjetividad de cada uno. La libertad es entonces la herramienta clave del aprendizaje.
Hace cinco años, en el marco del Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebró en Rosario, escuché a un poeta, el escritor nicaragüense Ernesto Cardenal, afirmar respecto a la muerte de las lenguas: "Cuando una lengua desaparece, no son sólo palabras las que se pierden. Cuando se muere una lengua, es una visión del mundo lo que desaparece". Partiendo de Cardenal, podemos llegar también a la otra orilla y preguntarnos: para que la lengua viva en las aulas, ¿qué es lo que se enseña y qué se aprende?
Los profesores, en nuestras clases, tenemos que valorar la vacilación de la lengua como algo sagrado, preservarla en lo insondable de la materia que enseñamos. Escribir una oración breve puede ser una operación compleja y dificilísima. Se ponen en juego no sólo la circulación de las palabras, también los silencios, las jergas, la cadencia, el fraseo. El lenguaje corre allí con su energía creadora. La polisemia de la lengua es casi permanente: es imposible hablar sin matices, es imposible desatender a la vitalidad de ciertas frases y tonos. Los acentos de un poema nos revelan un mundo y nos ocultan otros. La intensidad de una prosa que nos afecta puede perturbarnos.
Los alumnos que leen y escriben poesía en el aula se acercan al secreto más misterioso de la creación. Cuando los estudiantes elaboran argumentaciones y construyen relatos hablan también, siempre, de su propia identidad. Vivimos en un mundo que se desborda de señales, que está repleto de mensajes. Cada gesto, cada color, las posturas, incluso los silencios tienen algo para decirnos.
Pero necesitamos las palabras para cargar a cada uno de ellos de cierta significación. El punto y las comas marcan la respiración de nuestras enunciaciones. Cuando los alumnos construyen sus textos, orales o escritos, deciden también, en la compleja red de la sintaxis, dónde acontecerán sus propios silencios. En la construcción de textos los silencios ya no son sólo límites del lenguaje. En el silencio se oye el eco de la palabra que está presente incluso allí, en su ausencia.
El lenguaje tiene reflejos a partir de los cuales se instala en la creación. Los discursos que acontecen en el aula, los discursos de los otros y los propios, laten en la capacidad de su propia invención. Nada queda fuera: los enunciados de los medios, las conversaciones entre amigos y con las parejas, los mensajes de las autoridades de la escuela, la historia, la filosofía, el cine, la matemática, los blogs, el chateo, los muros del Facebook, los mensajes de texto, las canciones.
Nuestros enunciados, personales y también sociales, nuestros discursos amorosos, profesionales, los diálogos entre alumnos y docentes, cualquiera de nuestros discursos opera sobre una gramática compleja y traza un mapa de nuestra subjetividad. En los pliegues más remotos de nuestra intimidad hay elementos sociales y públicos que inciden en ella y la determinan. Es imposible no oír las distintas lenguas que circulan dentro de la misma lengua.
La riqueza de una clase puede ser ilimitada si valoramos los espacios de los diálogos "interlinguales". La capacidad del lenguaje es tremenda. Por la lengua construimos una mirada personal sobre el universo, nuestra propia humanidad depende de nuestras palabras.
La respuesta a qué se enseña y qué se aprende en las clases de lengua la encontramos también en aquel poeta nicaragüense cuando en Rosario habló de la vida de las lenguas. Hacia allí van los aprendizajes, hacia la construcción de una visión del mundo. En el aula, cuando el lenguaje circula con vida entre alumnos y profesores -en las bocas, los cuadernos, las pantallas- se construye, sobre todo, una visión del mundo.
Aunque por momentos, o quizás por eso mismo, el lenguaje se ponga imposible y nos haga balbucear a todos con una lengua de trapo. "Tropezamos, dice George Steiner, en ocasiones visceralmente con impalpables pero rígidos muros de lenguaje. El poeta, el pensador, los maestros de la metáfora, hacen arañazos en ese muro. Sin embargo, el mundo, tanto dentro como fuera de nosotros, murmura palabras que no somos capaces de distinguir."
La intensidad de las palabras que se dicen puede ser tan potente como el vigor de las palabras que se callan. Los que hemos hecho de la lectura y de la escritura los ejes de los aprendizajes, construimos las clases sobre estas dos columnas que nos sostienen y nos permiten atravesar con nuestros alumnos los umbrales siempre infinitos que nos internan en el nervio de las palabras, en la ambigüedad, y también en la música, los sonidos y en el silencio.
viernes, 23 de abril de 2010
El lugar del niño II, afecto y estímulo
En la entrada anterior presenté una nota periodística sobre un estudio que realizaron Fonoaudiólogas de La Plata. Muestran en él la incidencia de alteraciones del lenguaje en alumnos de zonas periféricas de esa ciudad. Cuentan que estas dificultades parecen remitir a falta de estímulos en el hogar.
Quiero agregar que muchas veces encontramos trastornos del lenguaje de este tipo en alumnos de escuelas a las que asisten clases acomodadas. No sólo los alumnos de barrios alejados. Niños de la ciudad pueden presentar también síntomas que remiten a esta falta de estímulos.
Aunque prefiero hablar de funciones maternas y paternas que no logran instalarse. De aquello que conforma el diálogo entre padres e hijos, en cualquier clase social.
Prefiero mostrar lo que en la afectividad resuena en la palabra.
Observen esta historieta. ¿No nos encontramos con el eco de muchos pacientes y alumnos?
Quiero agregar que muchas veces encontramos trastornos del lenguaje de este tipo en alumnos de escuelas a las que asisten clases acomodadas. No sólo los alumnos de barrios alejados. Niños de la ciudad pueden presentar también síntomas que remiten a esta falta de estímulos.
Aunque prefiero hablar de funciones maternas y paternas que no logran instalarse. De aquello que conforma el diálogo entre padres e hijos, en cualquier clase social.
Prefiero mostrar lo que en la afectividad resuena en la palabra.
Observen esta historieta. ¿No nos encontramos con el eco de muchos pacientes y alumnos?
miércoles, 21 de abril de 2010
ESTUDIO DEL COLEGIO DE FONOAUDIOLOGOS PLATENSE
Este es un estudio del Colegio de Fonoaudiólogos de La Plata. Salió en el diario "Clarín", quiero creer que no sea una mentira clásica de ese pasquín.
"La mitad de los chicos de preescolar, con trastornos del habla
Son alumnos de 4 y 5 años de jardines municipales de la capital bonaerense."
Un estudio realizado en jardines de infantes de La Plata determinó que poco más del 50% de los niños presenta trastornos en el lenguaje y en el habla. Son alumnos de entre 4 y 5 años de establecimientos ubicados mayormente en zonas periféricas de la capital bonaerense. Según el diagnóstico elaborado por un equipo del Colegio de Fonoaudiólogos de La Plata, estas deficiencias son atribuibles a falta de estímulos en el hogar y pueden provocar inconvenientes en el desarrollo de la capacidad de lectura y escritura en años posteriores. Advierten que algunos episodios de violencia adolescente derivan de la carencia de posibilidades de resolver un conflicto con palabras.
El trabajo se hizo en colegios de gestión municipal. Los profesionales relevaron 612 chicos que asisten a las últimas salitas del jardín. De ese universo, 310 menores manifestaron defectos en la articulación de palabras y disminución en el nivel de comunicación.
Los inconvenientes en el lenguaje espontáneo de niños en edad escolar se pueden revertir con tratamientos específicos. Y -atendidos a tiempo- no dejan secuelas, explicó la fonoaudióloga Mara Alejandra Rodríguez Moreda, encargada del estudio.
En La Plata funcionan 32 centros educativos gestionados por la Municipalidad. Tienen una matrícula total de 3.850 estudiantes. Están ubicados en barrios y localidades alejadas del centro. Son 10 servicios de educación inicial y poco más de 30 que tienen asistencia maternal, explicaron en la Dirección de Educación de la comuna.
La actividad académica se complementa con comedores que dan desayuno, almuerzo y merienda. Y están supervisados por un grupo de asistentes sociales, psicopedagogos, fonoaudiólogos y terapeutas.
Los controles de voz a los menores se iniciaron hace dos años. Se hicieron entrevistas y contactos con los alumnos en varias jornadas de clases. Los trastornos detectados se arrastran desde los primeros meses de vida, aclaró Rodríguez Moreda. Y aseguró que con tratamientos a cargo de profesionales se pueden revertir. Este tipo de dificultades no las advierten los padres porque consideran que no se trata de una urgencia. Por eso, la especialista sugiere la prevención y la necesidad de controles desde la educación formal, con el trabajo de equipos interdisciplinarios
"La mitad de los chicos de preescolar, con trastornos del habla
Son alumnos de 4 y 5 años de jardines municipales de la capital bonaerense."
Un estudio realizado en jardines de infantes de La Plata determinó que poco más del 50% de los niños presenta trastornos en el lenguaje y en el habla. Son alumnos de entre 4 y 5 años de establecimientos ubicados mayormente en zonas periféricas de la capital bonaerense. Según el diagnóstico elaborado por un equipo del Colegio de Fonoaudiólogos de La Plata, estas deficiencias son atribuibles a falta de estímulos en el hogar y pueden provocar inconvenientes en el desarrollo de la capacidad de lectura y escritura en años posteriores. Advierten que algunos episodios de violencia adolescente derivan de la carencia de posibilidades de resolver un conflicto con palabras.
El trabajo se hizo en colegios de gestión municipal. Los profesionales relevaron 612 chicos que asisten a las últimas salitas del jardín. De ese universo, 310 menores manifestaron defectos en la articulación de palabras y disminución en el nivel de comunicación.
Los inconvenientes en el lenguaje espontáneo de niños en edad escolar se pueden revertir con tratamientos específicos. Y -atendidos a tiempo- no dejan secuelas, explicó la fonoaudióloga Mara Alejandra Rodríguez Moreda, encargada del estudio.
En La Plata funcionan 32 centros educativos gestionados por la Municipalidad. Tienen una matrícula total de 3.850 estudiantes. Están ubicados en barrios y localidades alejadas del centro. Son 10 servicios de educación inicial y poco más de 30 que tienen asistencia maternal, explicaron en la Dirección de Educación de la comuna.
La actividad académica se complementa con comedores que dan desayuno, almuerzo y merienda. Y están supervisados por un grupo de asistentes sociales, psicopedagogos, fonoaudiólogos y terapeutas.
Los controles de voz a los menores se iniciaron hace dos años. Se hicieron entrevistas y contactos con los alumnos en varias jornadas de clases. Los trastornos detectados se arrastran desde los primeros meses de vida, aclaró Rodríguez Moreda. Y aseguró que con tratamientos a cargo de profesionales se pueden revertir. Este tipo de dificultades no las advierten los padres porque consideran que no se trata de una urgencia. Por eso, la especialista sugiere la prevención y la necesidad de controles desde la educación formal, con el trabajo de equipos interdisciplinarios
miércoles, 7 de abril de 2010
El lugar del niño

¡NO SON NIÑOS JUGANDO!
Son la policía infantil. (http://www.policiainfantil.com.ar/). En la página dice textualmente: "se formaron para complementar la educación integral de los jóvenes, fortaleciendo valores individuales y grupales con la consigna de "Servir" a los demás".Pareciera que se intenta adjudicar a los niños responsabilidades que no les pertenecen. Sabemos que no está en los niños apropiarse de las diferencias entre el bien y el mal ¿Está en los niños "servir" a los demás? ¿En función de qué parámetros? Para los niños lo que está mal es aquello que enoja a sus padres.
¿Dónde queda el juego cuando el espacio de ficción, su imaginario, se confronta con una realidad como esta?
Pero nuevamente se intenta desplazar el lugar de los niños. Esta vez proponiendo dar educación "en cuarteles" a jóvenes en estado de pobreza.
“Esta barbaridad tiene relación con la policía juvenil. Se usa la misma excusa, la de solucionar el problema sacando a los chicos pobres de la calle. A esos chicos a los que no se les da la posibilidad de acceso a las políticas públicas, se les inventa una política diferencial. Es una aberración, es la exclusión en la exclusión. ¿Les quieren enseñar oficios? Escuelas técnicas hay muchísimas en el país y de primer nivel, pero ahí no se pretende llevarlos”. Dice la directora ejecutiva del Casacidn, la entidad encargada de la vigilancia de los derechos de la niñez en el país
Puede pensarse una sociedad en función de lo que hace con los niños. Sería interesante reflexionar a partir de esta realidad ¿No les parece?
PRIMERA ENTREVISTA
"Hay toda clase de historias. Algunas nacen al ser contadas, su substancia es el lenguaje y antes de que alguien las ponga en palabras son apenas una emoción, un capricho de la mente, una imágen o una intangible reminiscencia." Isabel Allende, "El Plan Infinito".
Cuando leí este párrafo pensé súbitamente en las historias que ocupan cotidianamente mi trabajo: las Historias Clínicas. Todas comienzan en una primera entrevista en la que padres preocupados relatan las dificultades que atraviesan sus hijos en el camino de apropiación de la lengua, intentos fallidos de objetividad en la descripción de fracasos, palabras que hablan desde tiempo atrás, desde la subjetividad que anima su actualidad como padres.
Estos textos, como cualquier discurso, sirven a las mas diversas causas. Durante mi formación profesional la primer propuesta que pude escuchar provino de uno de los puntos de vista mas influyentes en el ámbito fonoaudiológico. Para la entrevista inicial se aconsejaba utilizar una anamnésis, "una recolección de los datos que deben considerarse en el conocimiento del niño y sus dificultades".
Se proponía un "interrogatorio de los familiares del niño y, muy particularmente, de la madre". Había que "saber interrogar a la principal testigo del proceso del desarrollo del niño: indagar sobre cada etapa, no sugerir respuestas, ni influenciar a las madres". "Un interrogatorio paciente y cuidadoso termina por obtener las referencias precisas de los datos objetivos que son necesarios para comprender las características actuales del niño".(1)
Es evidente la necesidad de hacer intervenir factores que incidieron en los diferentes estadios del desarrollo para realizar un estudio del lenguaje, no es posible encerrar el conocimiento de un paciente en el tiempo inmediato. La posición que el niño ha ido adoptando con respecto a la lengua en las diferentes etapas de la adquisición nos hablará de las deformaciones o sustituciones a que las somete actualmente o nos guiará en el conocimiento de las causas de su silencio.
Sin embargo, resulta paradójico que quienes trabajamos con el lenguaje encaremos una búsqueda objetiva de la realidad más allá de él. Es curioso que intentemos reducir a una función informativa enunciados que no pueden ser neutrales. Lo que la madre nos refiere durante la entrevista es una versión, un relato, ella no puede hablar como "testigo del proceso de desarrollo del niño" ya que desde su función materna fué implicada en el mismo, fué posicionada brindando lenguaje.
A la vez, es necesario tener en cuenta que la instancia de la consulta está marcada por un clima muy particular, las circunstancias en que se desarrolla la entrevista determinan un momento expresivo de gran singularidad: nos encontramos con padres preocupados que traen un niño expectante, temeroso, a la espera de un veredicto. Personas que en el reconocimiento y la comprensión de su hijo han experimentado una ruptura, un hueco que los angustia y que motiva la consulta. Acarrean el eco de las palabras del pediatra, del neurólogo, de la maestra o de la abuela. En fin, de todo aquello que se ha dicho respecto al síntoma. Se dirigen a alguien que deseándolo o no ocupa un lugar en su fantasía, un "Doctor" que podrá mostrarles el camino del hablar bien.
Desde esta urgencia somos interpelados, se nos pide una clasificación, una receta. Nos encontramos en una situación vertiginosa que implica riesgos ya que lo imperativo de la demanda, dirigida a nuestro saber efectivo sobre los procesos neurofisiológicos, puede inducirnos a adoptar una posición apresurada con respecto a aquello que no sabemos: el decir de los padres con respecto al niño. El afán diagnóstico puede llevarnos a interrogar, a recolectar datos, puede ubicarnos allí donde no podremos operar.
Es importante reconocer que el discurso de los padres adquirirá significancia sólo si lo comprendemos dentro de un campo de lenguaje. Estamos en presencia de una historia verbal, cargada de sentido mas que de referencias precisas, marcada por hechos susceptibles de interpretación, enunciados que implican un punto de vista.
Orientándonos de esta manera y encarando desde un modelo dialógico la consulta fonoaudiológica podremos operar a partir de las primeras palabras que los padres nos exponen. "Venimos con Leonardo, tenemos problemas para hablar", me dijo una mamá al comenzar la entrevista inicial. Es posible reconocer en esta frase un carácter alusivo, la madre supone que el terapeuta sabe que el que habla mal es el niño, introduce una complicidad que escapa al enunciado mismo. A su vez trata de aliviar la situación de Leonardo, lo acompaña, intenta unirse a él en la dificultad.
Sin embargo, al abrir el diálogo y repreguntar sobre este enunciado, reconociendo voces que indicaban otro sentido, pudo desplegarse algo limitante, amenazante, en relación a este síntoma de lenguaje y la angustia materna. Evitando preguntas prefijadas y favoreciendo la charla fué posible esclarecer una cierta estructura familiar en la que nadie podía hablar y en la que Leonardo estaba incluído.
Cuando logramos abandonar formularios preconcebidos e intervenciones objetivantes y prestamos atención suficiente a aquellas palabras que nos hablan del niño, cuando nos proponemos atenuar el dramatismo del diagnóstico y favorecemos el diálogo con los padres, entonces estamos en condiciones de preguntarnos acerca de nuestra posición ante el pedido de ayuda. Escuchando el discurso paterno más allá del síntoma, podremos descifrar aspectos de la función parental que permiten, sostienen o interfieren la adquisición de la lengua.
Claro que deberemos reconocer en el lenguaje múltiples posibilidades de articulaciones generadoras de sentido que exceden al proceso de decodificación y sumergirnos en un campo de discurso en el que juegan lo simbólico, la imaginación, la fantasía y donde emerge aquello de lo que no podemos dar cuenta.
Pero en este texto no intento analizar el lenguaje, sólo me interesa proponer un intercambio de opinión acerca de las distintas intervenciones que admiten los primeros encuentros del Fonoaudiólogo con un niño y sus padres. Al respecto creo que, así como consideramos aspectos orgánico-funcionales, culturales y pulsionales en el estudio diagnóstico; es fundamental que como terapeutas del lenguaje valorizemos correctamente lo que nos brinda la palabra parental en el conocimiento de un niño.
(2).- Azcoaga y Otros. "Los Retardos del Lenguaje en el Niño".
Cuando leí este párrafo pensé súbitamente en las historias que ocupan cotidianamente mi trabajo: las Historias Clínicas. Todas comienzan en una primera entrevista en la que padres preocupados relatan las dificultades que atraviesan sus hijos en el camino de apropiación de la lengua, intentos fallidos de objetividad en la descripción de fracasos, palabras que hablan desde tiempo atrás, desde la subjetividad que anima su actualidad como padres.
Estos textos, como cualquier discurso, sirven a las mas diversas causas. Durante mi formación profesional la primer propuesta que pude escuchar provino de uno de los puntos de vista mas influyentes en el ámbito fonoaudiológico. Para la entrevista inicial se aconsejaba utilizar una anamnésis, "una recolección de los datos que deben considerarse en el conocimiento del niño y sus dificultades".
Se proponía un "interrogatorio de los familiares del niño y, muy particularmente, de la madre". Había que "saber interrogar a la principal testigo del proceso del desarrollo del niño: indagar sobre cada etapa, no sugerir respuestas, ni influenciar a las madres". "Un interrogatorio paciente y cuidadoso termina por obtener las referencias precisas de los datos objetivos que son necesarios para comprender las características actuales del niño".(1)
Es evidente la necesidad de hacer intervenir factores que incidieron en los diferentes estadios del desarrollo para realizar un estudio del lenguaje, no es posible encerrar el conocimiento de un paciente en el tiempo inmediato. La posición que el niño ha ido adoptando con respecto a la lengua en las diferentes etapas de la adquisición nos hablará de las deformaciones o sustituciones a que las somete actualmente o nos guiará en el conocimiento de las causas de su silencio.
Sin embargo, resulta paradójico que quienes trabajamos con el lenguaje encaremos una búsqueda objetiva de la realidad más allá de él. Es curioso que intentemos reducir a una función informativa enunciados que no pueden ser neutrales. Lo que la madre nos refiere durante la entrevista es una versión, un relato, ella no puede hablar como "testigo del proceso de desarrollo del niño" ya que desde su función materna fué implicada en el mismo, fué posicionada brindando lenguaje.
A la vez, es necesario tener en cuenta que la instancia de la consulta está marcada por un clima muy particular, las circunstancias en que se desarrolla la entrevista determinan un momento expresivo de gran singularidad: nos encontramos con padres preocupados que traen un niño expectante, temeroso, a la espera de un veredicto. Personas que en el reconocimiento y la comprensión de su hijo han experimentado una ruptura, un hueco que los angustia y que motiva la consulta. Acarrean el eco de las palabras del pediatra, del neurólogo, de la maestra o de la abuela. En fin, de todo aquello que se ha dicho respecto al síntoma. Se dirigen a alguien que deseándolo o no ocupa un lugar en su fantasía, un "Doctor" que podrá mostrarles el camino del hablar bien.
Desde esta urgencia somos interpelados, se nos pide una clasificación, una receta. Nos encontramos en una situación vertiginosa que implica riesgos ya que lo imperativo de la demanda, dirigida a nuestro saber efectivo sobre los procesos neurofisiológicos, puede inducirnos a adoptar una posición apresurada con respecto a aquello que no sabemos: el decir de los padres con respecto al niño. El afán diagnóstico puede llevarnos a interrogar, a recolectar datos, puede ubicarnos allí donde no podremos operar.
Es importante reconocer que el discurso de los padres adquirirá significancia sólo si lo comprendemos dentro de un campo de lenguaje. Estamos en presencia de una historia verbal, cargada de sentido mas que de referencias precisas, marcada por hechos susceptibles de interpretación, enunciados que implican un punto de vista.
Orientándonos de esta manera y encarando desde un modelo dialógico la consulta fonoaudiológica podremos operar a partir de las primeras palabras que los padres nos exponen. "Venimos con Leonardo, tenemos problemas para hablar", me dijo una mamá al comenzar la entrevista inicial. Es posible reconocer en esta frase un carácter alusivo, la madre supone que el terapeuta sabe que el que habla mal es el niño, introduce una complicidad que escapa al enunciado mismo. A su vez trata de aliviar la situación de Leonardo, lo acompaña, intenta unirse a él en la dificultad.
Sin embargo, al abrir el diálogo y repreguntar sobre este enunciado, reconociendo voces que indicaban otro sentido, pudo desplegarse algo limitante, amenazante, en relación a este síntoma de lenguaje y la angustia materna. Evitando preguntas prefijadas y favoreciendo la charla fué posible esclarecer una cierta estructura familiar en la que nadie podía hablar y en la que Leonardo estaba incluído.
Cuando logramos abandonar formularios preconcebidos e intervenciones objetivantes y prestamos atención suficiente a aquellas palabras que nos hablan del niño, cuando nos proponemos atenuar el dramatismo del diagnóstico y favorecemos el diálogo con los padres, entonces estamos en condiciones de preguntarnos acerca de nuestra posición ante el pedido de ayuda. Escuchando el discurso paterno más allá del síntoma, podremos descifrar aspectos de la función parental que permiten, sostienen o interfieren la adquisición de la lengua.
Claro que deberemos reconocer en el lenguaje múltiples posibilidades de articulaciones generadoras de sentido que exceden al proceso de decodificación y sumergirnos en un campo de discurso en el que juegan lo simbólico, la imaginación, la fantasía y donde emerge aquello de lo que no podemos dar cuenta.
Pero en este texto no intento analizar el lenguaje, sólo me interesa proponer un intercambio de opinión acerca de las distintas intervenciones que admiten los primeros encuentros del Fonoaudiólogo con un niño y sus padres. Al respecto creo que, así como consideramos aspectos orgánico-funcionales, culturales y pulsionales en el estudio diagnóstico; es fundamental que como terapeutas del lenguaje valorizemos correctamente lo que nos brinda la palabra parental en el conocimiento de un niño.
(2).- Azcoaga y Otros. "Los Retardos del Lenguaje en el Niño".
jueves, 4 de marzo de 2010
Ficción y realidad
Observo en las imágenes de la película profesionales que hablan.
Al momento del diagnóstico uno dice: "no escucha". Y otro concluye: "Es como ver un computador que está configurado diferente". Y otro: "su hijo es muy hipersensible". Otro: "su hijo está un poco tenso, ¿como su madre?"
Soluciones: "le daremos estas píldoras", "nosotros siempre podemos hacer más investigaciones".
Conclusiones: "Podría ser el síndrome de Asperger, autismo"...
Y el niño:..., Ben, observa, escucha...
Y la mamá dice: "en un debido momento recibes un sello: Autismo". "Para mi es Ben, Ben.."
Enunciados que nos resuenan porque los escuchamos a diario en nuestra práctica.
"Vayan leyendo sobre autismo" le dijo un neurólogo a los padres de un paciente mio.
"Es TGD" escucharon otros padres.
Cabría preguntarnos adónde van las palabras. Las palabras que tienen poder. Dónde caen nuestras palabras.
Al momento del diagnóstico uno dice: "no escucha". Y otro concluye: "Es como ver un computador que está configurado diferente". Y otro: "su hijo es muy hipersensible". Otro: "su hijo está un poco tenso, ¿como su madre?"
Soluciones: "le daremos estas píldoras", "nosotros siempre podemos hacer más investigaciones".
Conclusiones: "Podría ser el síndrome de Asperger, autismo"...
Y el niño:..., Ben, observa, escucha...
Y la mamá dice: "en un debido momento recibes un sello: Autismo". "Para mi es Ben, Ben.."
Enunciados que nos resuenan porque los escuchamos a diario en nuestra práctica.
"Vayan leyendo sobre autismo" le dijo un neurólogo a los padres de un paciente mio.
"Es TGD" escucharon otros padres.
Cabría preguntarnos adónde van las palabras. Las palabras que tienen poder. Dónde caen nuestras palabras.
lunes, 22 de febrero de 2010
Cine y diagnóstico
Les presento algunas escenas de una película.
Se trata de "Ben X", una producción belga dirigida por Nic Balthazar. El protagonista es un joven con Síndrome de Asperger que maneja sus dificultades para interactuar socialmente mediante un juego de rol por internet. Sin embargo, no es mi intención contar la película sino ilustrar con estas escenas instancias del momento diagnóstico. Espero iniciar así un diálogo sobre este tema.
Se trata de "Ben X", una producción belga dirigida por Nic Balthazar. El protagonista es un joven con Síndrome de Asperger que maneja sus dificultades para interactuar socialmente mediante un juego de rol por internet. Sin embargo, no es mi intención contar la película sino ilustrar con estas escenas instancias del momento diagnóstico. Espero iniciar así un diálogo sobre este tema.
viernes, 5 de febrero de 2010
Hechos de discurso
Estamos hechos de discurso. Pero no de grandes discursos, sino de balbuceos.
En la literatura, fue Chéjov uno de los primeros en entenderlo. Sus cuentos hablan de esos pequeños enunciados cotidianos que nos construyen, hablan de esos balbuceos.
Hace más de cien años este escritor nos mostró la enorme incidencia de las palabras en nuestra vida. Raymond Carver, un cuentista de Estados Unidos, a partir de la influencia de Chéjo
v retoma esta forma del relato.
Ambos me han enseñado mucho sobre cómo escribir.
Ambos me ayudaron a ver en el diálogo con los niños la dinámica que mis palabras pueden disparar.
Alguna vez escribí un cuento que fue publicado en el libro "Crestomatía a la violeta", un emprendimiento de "Locos por los tropos", el genial grupo operativo del Curso de Coordinadores de Taller Literario 2005.
Lo ofrezco a los visitantes del Blog. Se llama "Mamá no miente".
El golpe llegó potente pero impreciso, un mamporro, esas piñas que sacuden por el aire los que han perdido el control. Mientras su mamá caía desparramada en el piso, María se acurrucó sentada entre la cama y la pared de la pieza, sostuvo las piernas con las manitos y metió la cabeza entre las rodillas para no ver. Le hubiera gustado salir corriendo para no escuchar pero el corpacho de él se interponía entre ella y la puerta.
Gritaban, gritaban mucho. Él la insultaba y le reprochaba un engaño, ella pedía perdón y clemencia.
–Basta guacho, pará, si me das otra piña me mato, te juro que me mato.
Escuchó gritar a su mamá. Se asustó mucho, apretó fuerte los ojos para evitar que cayera una lágrima, quiso pensar en otra cosa.
El hombre avanzó y volvió a pegar, humillado, una y otra vez, manotazos hacia un lado y hacia el otro, encontrando la cara de la mujer, cachetazos que retumbaban en la pieza.
–Andate, andate y no vuelvas –dijo con voz grave.
María sintió una mano grande y fría que aferraba la suya. Con los ojos entrecerrados, húmedos, salió de la pieza. El frío de la noche le devolvió la calidez a la mano de mamá, la apretó mucho y se dejó llevar. Caminaron por calles de oscuro silencio, entraron a un bar, mamá habló por teléfono. María recién recobró el calor del cuerpo cuando se sentaron en el vagón del tren. Preguntó dónde iban y la madre dijo que a la casa de la tía. En otra ocasión hubiera protestado, se aburría mucho, no había con quién jugar, pero esta vez apoyó la nariz contra el vidrio de la ventanilla y se entretuvo con las luces que avanzaban en sentido contrario al del tren.
La tía vivía en un barrio de gente grande, en una casa chica. El único entretenimiento para María eran los dibujitos que daban en la tele al mediodía y las salidas que las tardes de sol hacía con mamá a la plaza.
Era un parque grande, con muchos juegos y muchos chicos, y María, que sabía hacerse amigos, charlaba y jugaba con todos. Se sentía contenta, libre por un rato y corría y gritaba, siempre rodeada de otros chicos. A veces miraba a mamá, sentada sola en un banco y le parecía que estaba cansada, corría al tobogán se tiraba varias veces y cuando miraba otra vez el banco y le parecía que mamá estaba aburrida corría a sentarse y charlar con ella.
–¿Me querés mamá?
–Si María, mamá te quiere.
–¿Me comprás un alfajor?
–Cuando nos vayamos mamá te compra, ahora andá a jugar.
Vuelta a los juegos, al sabor salado del sudor en los labios, a las voces alegres de los amigos, que zigzaguean en los diálogos como escapando del chico que le toca ser mancha. Y cuando se sentaba en el pasto y le parecía que mamá estaba triste corría a buscarla y le decía:
–¿Vamos?
Caminaban de la mano hasta la casa de la tía, siempre el mismo recorrido, el mercado de la esquina, dos cuadras, el kiosco, una cuadra, la puerta verde de chapa. María prestaba atención a todo, pero lo que más le interesaba era la lucecita azul del kiosco. Cuando la veía la boca se llenaba del recuerdo dulce del alfajor, apretaba más la mano de mamá y pensaba: “que me compre, me dijo que me iba a comprar”. Mientras se acercaban al negocio caminaba mas despacio, como con miedo. Cuando mamá se detenía se le dibujaba una sonrisa.
–Tomá María, mamá no miente, mamá nunca miente.
Los días que pasaban en la casa de la tía se estiraban mucho, María extrañaba la escuela, sus juguetes, los chicos del barrio. Encima mamá se quejaba siempre. Salía a la mañana y volvía protestando porque no le daban trabajo. La tía también salía temprano y llegaba casi de noche.
Ese día María estaba triste porque no había sol y cuando estaba nublado no iban a la plaza. Pero después de comer mamá le dijo que se pusiera las zapatillas y salieron. No había muchos chicos, pero los juegos estaban esperándola y se podía correr y conocer algunos amigos nuevos. Se encontró con una nena y jugaron a las visitas, mientras preparaba el café miró a su mamá sentada en el banco, y le pareció que estaba cansada. Tomaron café, charlaron, levantaron la mesa y mientras lavaba las tazas miró en el banco a su mamá aburrida, pero ella tenía que lavar y no podía ir a charlar con ella. Llegaron otros invitados, una nena de pelo corto y un chico de pelo largo que le dijo que tenía lindos ojos. Decidieron jugar a las escondidas, mientras corría para esconderse miró a mamá que se secaba una lágrima con la mano y se dio cuenta que estaba triste, pero María no quería irse, no se deja solos a los invitados, y además le tocaba contar al chico de pelo largo.
Cuando le tocó contar a ella miró hacia el banco y mamá no estaba. Primero se asustó pero después pensó que como era tarde había ido a comprar el alfajor. Quiso seguir jugando pero no pudo porque las madres ya se llevaban a los chicos, una saludó pero los demás se fueron corriendo cuando escucharon gritar su nombre. María se sentó un ratito en el banco, pensó que mamá tardaba mucho, que se hacía de noche, que si podía volver sola. Esperó un poco mas, empezó a sentir el cansancio en las piernas, el mismo de antes de bañarse y se dio cuenta que ya era tarde. Decidió caminar hasta el kiosco para encontrar a mamá. Extrañó la mano cálida, y cuando vio la luz azul, ni sintió nada dulce en la boca, ni nadie estaba parado frente a la ventanita.
Siguió caminando hasta la casa de la tía, intentó abrir la puerta pero no pudo. Se sentó en el umbral, acurrucada, con las manitos agarrando las piernas y la cabeza entre las rodillas para no mirar. El pelo rubio, lacio, como una cortina sobre el cuerpo reflejaba parcialmente la luz del farol. El tiempo pasó lento. Los recuerdos invadían a María, eran violencia, eran miedo, eran tristeza, una ausencia. Se asustó mucho, apretó fuerte los ojos para evitar que cayera una lágrima, quiso pensar en otra cosa.
Era de noche ya cuando llegó la tía. Le preguntó que hacía, que dónde estaba mamá, que si no tenía frío, y María que no podía hablar. La tía intentó abrir la puerta pero la llave no entraba en la cerradura, se trababa. Puteó, la agarró de la mano y la llevó a la casa de una vecina. Le dieron una taza de leche, con la que calentó sus manos frías.
–Quedate acá –dijo la tía–. Hasta que venga tu mamá.
–Mamá no va a venir –dijo María.
–¿Por qué decís eso, dónde fue?
–Porque mamá no miente, mamá nunca miente.
En la literatura, fue Chéjov uno de los primeros en entenderlo. Sus cuentos hablan de esos pequeños enunciados cotidianos que nos construyen, hablan de esos balbuceos.
Hace más de cien años este escritor nos mostró la enorme incidencia de las palabras en nuestra vida. Raymond Carver, un cuentista de Estados Unidos, a partir de la influencia de Chéjo
v retoma esta forma del relato.Ambos me han enseñado mucho sobre cómo escribir.
Ambos me ayudaron a ver en el diálogo con los niños la dinámica que mis palabras pueden disparar.
Alguna vez escribí un cuento que fue publicado en el libro "Crestomatía a la violeta", un emprendimiento de "Locos por los tropos", el genial grupo operativo del Curso de Coordinadores de Taller Literario 2005.
Lo ofrezco a los visitantes del Blog. Se llama "Mamá no miente".
El golpe llegó potente pero impreciso, un mamporro, esas piñas que sacuden por el aire los que han perdido el control. Mientras su mamá caía desparramada en el piso, María se acurrucó sentada entre la cama y la pared de la pieza, sostuvo las piernas con las manitos y metió la cabeza entre las rodillas para no ver. Le hubiera gustado salir corriendo para no escuchar pero el corpacho de él se interponía entre ella y la puerta.
Gritaban, gritaban mucho. Él la insultaba y le reprochaba un engaño, ella pedía perdón y clemencia.
–Basta guacho, pará, si me das otra piña me mato, te juro que me mato.
Escuchó gritar a su mamá. Se asustó mucho, apretó fuerte los ojos para evitar que cayera una lágrima, quiso pensar en otra cosa.
El hombre avanzó y volvió a pegar, humillado, una y otra vez, manotazos hacia un lado y hacia el otro, encontrando la cara de la mujer, cachetazos que retumbaban en la pieza.
–Andate, andate y no vuelvas –dijo con voz grave.
María sintió una mano grande y fría que aferraba la suya. Con los ojos entrecerrados, húmedos, salió de la pieza. El frío de la noche le devolvió la calidez a la mano de mamá, la apretó mucho y se dejó llevar. Caminaron por calles de oscuro silencio, entraron a un bar, mamá habló por teléfono. María recién recobró el calor del cuerpo cuando se sentaron en el vagón del tren. Preguntó dónde iban y la madre dijo que a la casa de la tía. En otra ocasión hubiera protestado, se aburría mucho, no había con quién jugar, pero esta vez apoyó la nariz contra el vidrio de la ventanilla y se entretuvo con las luces que avanzaban en sentido contrario al del tren.
La tía vivía en un barrio de gente grande, en una casa chica. El único entretenimiento para María eran los dibujitos que daban en la tele al mediodía y las salidas que las tardes de sol hacía con mamá a la plaza.
Era un parque grande, con muchos juegos y muchos chicos, y María, que sabía hacerse amigos, charlaba y jugaba con todos. Se sentía contenta, libre por un rato y corría y gritaba, siempre rodeada de otros chicos. A veces miraba a mamá, sentada sola en un banco y le parecía que estaba cansada, corría al tobogán se tiraba varias veces y cuando miraba otra vez el banco y le parecía que mamá estaba aburrida corría a sentarse y charlar con ella.
–¿Me querés mamá?
–Si María, mamá te quiere.
–¿Me comprás un alfajor?
–Cuando nos vayamos mamá te compra, ahora andá a jugar.
Vuelta a los juegos, al sabor salado del sudor en los labios, a las voces alegres de los amigos, que zigzaguean en los diálogos como escapando del chico que le toca ser mancha. Y cuando se sentaba en el pasto y le parecía que mamá estaba triste corría a buscarla y le decía:
–¿Vamos?
Caminaban de la mano hasta la casa de la tía, siempre el mismo recorrido, el mercado de la esquina, dos cuadras, el kiosco, una cuadra, la puerta verde de chapa. María prestaba atención a todo, pero lo que más le interesaba era la lucecita azul del kiosco. Cuando la veía la boca se llenaba del recuerdo dulce del alfajor, apretaba más la mano de mamá y pensaba: “que me compre, me dijo que me iba a comprar”. Mientras se acercaban al negocio caminaba mas despacio, como con miedo. Cuando mamá se detenía se le dibujaba una sonrisa.
–Tomá María, mamá no miente, mamá nunca miente.
Los días que pasaban en la casa de la tía se estiraban mucho, María extrañaba la escuela, sus juguetes, los chicos del barrio. Encima mamá se quejaba siempre. Salía a la mañana y volvía protestando porque no le daban trabajo. La tía también salía temprano y llegaba casi de noche.
Ese día María estaba triste porque no había sol y cuando estaba nublado no iban a la plaza. Pero después de comer mamá le dijo que se pusiera las zapatillas y salieron. No había muchos chicos, pero los juegos estaban esperándola y se podía correr y conocer algunos amigos nuevos. Se encontró con una nena y jugaron a las visitas, mientras preparaba el café miró a su mamá sentada en el banco, y le pareció que estaba cansada. Tomaron café, charlaron, levantaron la mesa y mientras lavaba las tazas miró en el banco a su mamá aburrida, pero ella tenía que lavar y no podía ir a charlar con ella. Llegaron otros invitados, una nena de pelo corto y un chico de pelo largo que le dijo que tenía lindos ojos. Decidieron jugar a las escondidas, mientras corría para esconderse miró a mamá que se secaba una lágrima con la mano y se dio cuenta que estaba triste, pero María no quería irse, no se deja solos a los invitados, y además le tocaba contar al chico de pelo largo.
Cuando le tocó contar a ella miró hacia el banco y mamá no estaba. Primero se asustó pero después pensó que como era tarde había ido a comprar el alfajor. Quiso seguir jugando pero no pudo porque las madres ya se llevaban a los chicos, una saludó pero los demás se fueron corriendo cuando escucharon gritar su nombre. María se sentó un ratito en el banco, pensó que mamá tardaba mucho, que se hacía de noche, que si podía volver sola. Esperó un poco mas, empezó a sentir el cansancio en las piernas, el mismo de antes de bañarse y se dio cuenta que ya era tarde. Decidió caminar hasta el kiosco para encontrar a mamá. Extrañó la mano cálida, y cuando vio la luz azul, ni sintió nada dulce en la boca, ni nadie estaba parado frente a la ventanita.
Siguió caminando hasta la casa de la tía, intentó abrir la puerta pero no pudo. Se sentó en el umbral, acurrucada, con las manitos agarrando las piernas y la cabeza entre las rodillas para no mirar. El pelo rubio, lacio, como una cortina sobre el cuerpo reflejaba parcialmente la luz del farol. El tiempo pasó lento. Los recuerdos invadían a María, eran violencia, eran miedo, eran tristeza, una ausencia. Se asustó mucho, apretó fuerte los ojos para evitar que cayera una lágrima, quiso pensar en otra cosa.
Era de noche ya cuando llegó la tía. Le preguntó que hacía, que dónde estaba mamá, que si no tenía frío, y María que no podía hablar. La tía intentó abrir la puerta pero la llave no entraba en la cerradura, se trababa. Puteó, la agarró de la mano y la llevó a la casa de una vecina. Le dieron una taza de leche, con la que calentó sus manos frías.
–Quedate acá –dijo la tía–. Hasta que venga tu mamá.
–Mamá no va a venir –dijo María.
–¿Por qué decís eso, dónde fue?
–Porque mamá no miente, mamá nunca miente.
miércoles, 27 de enero de 2010
Cuando se nos escapa el código
Mi impericia para manejar imágenes hizo que en la historieta de Caloi no quedaran claros los diálogos. Así que reparo este error escribiéndolos ahora:
Niño: "¿Éte guá- guau?"
Adulto: "No. Ése es un perro."
N: "¿Tonce no é guá-guau?"
A: "No. Guá-guau, no. Perro. Pe-rro."
N: "Do creía que eda un guá-guau."
A: "Pero se llama perro."
N: "Pero haze guá-guau."
A: "Sí, hace guá-guau. Pero es un perro."
N: "¡Uuh!¡Midá qué dindo vazito de café!"
A: "¡No, nene!¡Dejá eso!¡Caca!"
N: "¿Eto caca?"
A: "Sí."
Niño: "¿Éte guá- guau?"
Adulto: "No. Ése es un perro."
N: "¿Tonce no é guá-guau?"
A: "No. Guá-guau, no. Perro. Pe-rro."
N: "Do creía que eda un guá-guau."
A: "Pero se llama perro."
N: "Pero haze guá-guau."
A: "Sí, hace guá-guau. Pero es un perro."
N: "¡Uuh!¡Midá qué dindo vazito de café!"
A: "¡No, nene!¡Dejá eso!¡Caca!"
N: "¿Eto caca?"
A: "Sí."
lunes, 25 de enero de 2010
¿Qué es el alma?
Las últimas entradas del blog comienzan a rondar cuestiones relativas a la adquisición del lenguaje.
Recuerdo una anécdota:
Mi hijo Pablo, de 4 años, nos preguntó inquisitivo durante la cena: ¿"qué es el alma?". Nuestra respuesta, puestos en un aprieto, requirió el uso de muchas palabras analizadas previamente para que resulten adecuadas a la comprensión de Pablo. Expusimos creencias, diminutas consideraciones filosóficas y argumentos variados. Pablo esperó expectante. Por fin, cuando nuestro silencio marcó el final de los enunciados, replicó confundido: "Yo no digo eso, yo digo lo que se rompen los chicos cuando se caen".
¿Cuántas veces se ignora en los estudios de lenguaje esta relación de los padres y el niño influyéndose mutuamente?
Los niños descrubren activamente las reglas del sistema lingüístico, no por imitación sino a través de las experiencias con significado, experimentando con las reglas y probando sus propias hipótesis.
Suele ignorarse el aspecto estructural y tomar la adquisición linealmente, centrada en aspectos aislados como producción y percepción.
Los que trabajamos con el lenguaje debemos considerar también estas cuestiones. No nos vaya a pasar como en esta historieta:
Recuerdo una anécdota:
Mi hijo Pablo, de 4 años, nos preguntó inquisitivo durante la cena: ¿"qué es el alma?". Nuestra respuesta, puestos en un aprieto, requirió el uso de muchas palabras analizadas previamente para que resulten adecuadas a la comprensión de Pablo. Expusimos creencias, diminutas consideraciones filosóficas y argumentos variados. Pablo esperó expectante. Por fin, cuando nuestro silencio marcó el final de los enunciados, replicó confundido: "Yo no digo eso, yo digo lo que se rompen los chicos cuando se caen".
¿Cuántas veces se ignora en los estudios de lenguaje esta relación de los padres y el niño influyéndose mutuamente?
Los niños descrubren activamente las reglas del sistema lingüístico, no por imitación sino a través de las experiencias con significado, experimentando con las reglas y probando sus propias hipótesis.
Suele ignorarse el aspecto estructural y tomar la adquisición linealmente, centrada en aspectos aislados como producción y percepción.
Los que trabajamos con el lenguaje debemos considerar también estas cuestiones. No nos vaya a pasar como en esta historieta:

viernes, 22 de enero de 2010
Sobre el abordaje terapéutico en trastornos del lenguaje
Este artículo fue publicado hace tiempo atrás en la revista "El Cisne", en función de la entrada anterior me parece adecuado mostrarlo en el Blog.
EL MUTISMO EN UN NIÑO
Con ademán confuso cubría la cara de unos muñequitos que formaban parte de la caja de juegos. Este actuar podía no ser significativo, ninguna acción humana lo es si se la presenta solitaria, anónima, fuera de situación. Pero en este caso se trataba de Juan, un niño de 4 años, que no hablaba y jugaba interactuando conmigo, su terapeuta de lenguaje.
En ocasiones anteriores las voces que dieron respuesta al mutismo de Juan adoptaron nombres como "anartria", "audimudez" y otros que se entramaban en un diagnóstico que ocultaba mas de lo que descubría. Sin embargo, una voz faltaba ser escuchada, aquella que él no emitía pero que, revelando un silencioso sentido, esperó conformarse en atención a mi réplica.
Para comprender el síntoma mi abordaje debía carecer de rol, requería neutralidad para participar en una situación de diálogo que podía desarrollarse en lo corporal y no sólo verbalmente. Adherir a una nominación diagnóstica y actuar con las técnicas reeducativas que se suelen utilizar derivaría posiblemente en la limitación y acotamiento del niño, que en el mutismo se mostraba perdido en sí mismo. Por el contrario, mi presencia dejaba abierto un espacio para que el discurso se movilice, suscitando la actualización en la transferencia de interrogantes que me posicionaban hacia la situación de conflicto.
En toda sesión se reproduce una instancia relacionada con el síntoma que puede reconocerse oyendo efectivamente la enunciación, preguntándose sobre el sentido, sobre quién habla, sabiendo cuando callar o decir. De acuerdo a este punto de vista me propuse actuar.
Observé que en el desarrollo del juego y desde el refugio de su silencio a Juan le era posible arriesgar, mostrar, exponerse. Asimismo, mi actitud abierta y libre permitía una manifestación en común, en resonancia. Hecho que, como en el fenómeno físico- acústico, requería consonancia con el otro y producía un efecto de repercusión.
Así, las resonancias del tapar la cara de los muñecos fueron preparatorias, como la comprensión de la réplica, de mi señalamiento. Persuadido de que en ese momento el niño podía escuchar, intenté devolver lo que entendí diciendo:" así no pueden hablar", enunciado que al entenderse en relación con su propia falta de habla permitió una diferenciación.
Juan comenzó a permitirse explorar con los sonidos, golpeaba elementos del consultorio y arrojaba juguetes, su conducta resultó más extrovertida. Empezaba a expresarse mediante el ruido, ya no era el chico extremadamente juicioso de principios del tratamiento; mis intervenciones eran permisivas aunque con reglas en cuanto espacios y tiempos. El habla pudo desarrollarse progresivamente, interrumpía el silencio con la palabra, dirigida en un primer momento a su madre y expandiéndose luego a los otros.
La reseña de este caso pretende solamente puntualizar aspectos del abordaje terapéutico en los trastornos del lenguaje, no he querido exponer las causas profundas y determinantes de la ausencia del habla en Juan. Asimismo, no es el mutismo en el niño (con N mayúscula) materia de opinión en este texto. Intento evitar una generalización sobre la patología para eludir abstracciones que justifican el empleo de técnicas estandarizadas, producciones monológicas que acotan la creatividad.
En casos patológicos la lengua y sus componentes pueden ser alterados, modificados, sustituídos, rechazados. Pero el lenguaje excede los dominios de lo reproducible, incluye el habla y la potencialidad creadora del sujeto. Así, un niño que padece un trastorno no es como cualquier otro, posee una subjetividad que se evidencia irrepetible en la situación dialógica, y sólo la inclusión en este contexto permite un encuentro que posibilitará intervenir de acuerdo con la sintomatología.
Operar terapéuticamente en esta matriz de diálogo implica querer comunicarse con el sujeto que el paciente es, preguntarse por el sentido de su decir, atender a la transferencia, permitir que el lenguaje se asocie al reconocimiento comunicando las resonancias que el discurso produce en el terapeuta. La función terapéutica debe evitar la imitación de un modelo, para que el desarrollo del lenguaje permita al niño expresar su deseo en lo irrepetible de sus enunciados.
EL MUTISMO EN UN NIÑO
Con ademán confuso cubría la cara de unos muñequitos que formaban parte de la caja de juegos. Este actuar podía no ser significativo, ninguna acción humana lo es si se la presenta solitaria, anónima, fuera de situación. Pero en este caso se trataba de Juan, un niño de 4 años, que no hablaba y jugaba interactuando conmigo, su terapeuta de lenguaje.
En ocasiones anteriores las voces que dieron respuesta al mutismo de Juan adoptaron nombres como "anartria", "audimudez" y otros que se entramaban en un diagnóstico que ocultaba mas de lo que descubría. Sin embargo, una voz faltaba ser escuchada, aquella que él no emitía pero que, revelando un silencioso sentido, esperó conformarse en atención a mi réplica.
Para comprender el síntoma mi abordaje debía carecer de rol, requería neutralidad para participar en una situación de diálogo que podía desarrollarse en lo corporal y no sólo verbalmente. Adherir a una nominación diagnóstica y actuar con las técnicas reeducativas que se suelen utilizar derivaría posiblemente en la limitación y acotamiento del niño, que en el mutismo se mostraba perdido en sí mismo. Por el contrario, mi presencia dejaba abierto un espacio para que el discurso se movilice, suscitando la actualización en la transferencia de interrogantes que me posicionaban hacia la situación de conflicto.
En toda sesión se reproduce una instancia relacionada con el síntoma que puede reconocerse oyendo efectivamente la enunciación, preguntándose sobre el sentido, sobre quién habla, sabiendo cuando callar o decir. De acuerdo a este punto de vista me propuse actuar.
Observé que en el desarrollo del juego y desde el refugio de su silencio a Juan le era posible arriesgar, mostrar, exponerse. Asimismo, mi actitud abierta y libre permitía una manifestación en común, en resonancia. Hecho que, como en el fenómeno físico- acústico, requería consonancia con el otro y producía un efecto de repercusión.
Así, las resonancias del tapar la cara de los muñecos fueron preparatorias, como la comprensión de la réplica, de mi señalamiento. Persuadido de que en ese momento el niño podía escuchar, intenté devolver lo que entendí diciendo:" así no pueden hablar", enunciado que al entenderse en relación con su propia falta de habla permitió una diferenciación.
Juan comenzó a permitirse explorar con los sonidos, golpeaba elementos del consultorio y arrojaba juguetes, su conducta resultó más extrovertida. Empezaba a expresarse mediante el ruido, ya no era el chico extremadamente juicioso de principios del tratamiento; mis intervenciones eran permisivas aunque con reglas en cuanto espacios y tiempos. El habla pudo desarrollarse progresivamente, interrumpía el silencio con la palabra, dirigida en un primer momento a su madre y expandiéndose luego a los otros.
La reseña de este caso pretende solamente puntualizar aspectos del abordaje terapéutico en los trastornos del lenguaje, no he querido exponer las causas profundas y determinantes de la ausencia del habla en Juan. Asimismo, no es el mutismo en el niño (con N mayúscula) materia de opinión en este texto. Intento evitar una generalización sobre la patología para eludir abstracciones que justifican el empleo de técnicas estandarizadas, producciones monológicas que acotan la creatividad.
En casos patológicos la lengua y sus componentes pueden ser alterados, modificados, sustituídos, rechazados. Pero el lenguaje excede los dominios de lo reproducible, incluye el habla y la potencialidad creadora del sujeto. Así, un niño que padece un trastorno no es como cualquier otro, posee una subjetividad que se evidencia irrepetible en la situación dialógica, y sólo la inclusión en este contexto permite un encuentro que posibilitará intervenir de acuerdo con la sintomatología.
Operar terapéuticamente en esta matriz de diálogo implica querer comunicarse con el sujeto que el paciente es, preguntarse por el sentido de su decir, atender a la transferencia, permitir que el lenguaje se asocie al reconocimiento comunicando las resonancias que el discurso produce en el terapeuta. La función terapéutica debe evitar la imitación de un modelo, para que el desarrollo del lenguaje permita al niño expresar su deseo en lo irrepetible de sus enunciados.
domingo, 10 de enero de 2010
Los vendedores de naipes y el lenguaje
El video que les presento es una muestra de aquellos que toman el lenguaje sólo a partir del código. De quienes trabajan los trastornos lingüísticos a través de la gimnasia de labios y de lengua.
Cuando estudiaba Fonoaudiología, el curso estaba en manos de una cátedra de Otorrinolaringología de la UBA. El director era un médico misógino que pretendía que las Fonoaudiólogas y Fonoaudiólogos (para él los varones que estudiábamos Fono eramos líderes u "otra cosa") hagamos con los niños con trastornos de lenguaje sólo actividades práxicas. Pero... A él también algunas preguntas le aparecían respecto al lenguaje. Y desde este enfoque "tradicional" no podía dar respuestas.
Por lo tanto, en la cursada los estudiantes teníamos materias como: Psicoanálisis, Lingüística. Que también nos remitían a preguntas.
Observen que en el video las colegas parecen sugerir que el niño aprende imitando.
Podrían preguntarse por qué cada uno de estos niños alteran, omiten o no adquieren los sonidos de la lengua. Pero... Las preguntas cuestionarían el método mismo. Y la seguridad sobre lo que están vendiendo.
Sin embargo, en algo coincido. Que un niño juegue con su padre favorece la adquisición del lenguaje. Aunque juegue al "culo sucio".
Eso sí, el video aporta algo del humor que este blog tiene que tener. Las caras de las chicas haciendo morisquetas son impagables.
Cuando estudiaba Fonoaudiología, el curso estaba en manos de una cátedra de Otorrinolaringología de la UBA. El director era un médico misógino que pretendía que las Fonoaudiólogas y Fonoaudiólogos (para él los varones que estudiábamos Fono eramos líderes u "otra cosa") hagamos con los niños con trastornos de lenguaje sólo actividades práxicas. Pero... A él también algunas preguntas le aparecían respecto al lenguaje. Y desde este enfoque "tradicional" no podía dar respuestas.
Por lo tanto, en la cursada los estudiantes teníamos materias como: Psicoanálisis, Lingüística. Que también nos remitían a preguntas.
Observen que en el video las colegas parecen sugerir que el niño aprende imitando.
Podrían preguntarse por qué cada uno de estos niños alteran, omiten o no adquieren los sonidos de la lengua. Pero... Las preguntas cuestionarían el método mismo. Y la seguridad sobre lo que están vendiendo.
Sin embargo, en algo coincido. Que un niño juegue con su padre favorece la adquisición del lenguaje. Aunque juegue al "culo sucio".
Eso sí, el video aporta algo del humor que este blog tiene que tener. Las caras de las chicas haciendo morisquetas son impagables.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Wittgenstein de película
Luego de la necesaria entrada anterior volvemos a pensar sobre el lenguaje.
Hubo quienes pensaron y ayudaron a pensar. Heredamos de los filósofos del lenguaje conceptos fundamentales para nuestra práctica. Uno de ellos fue Ludwig Wittgenstein. Él era vienés, vivió entre los años 1889 y 1951 e invito a realizar una búsqueda sobre su pensamiento y su historia personal que es también muy interesante.
Wittgenstein publicó sólo un libro, el “Tractatus lógico-philosophicus”, que luego él mismo criticó en “Los cuadernos azul y marrón” y en sus “Investigaciones filosóficas”. Estas controversias marcan dos etapas diferentes en su pensamiento, sobre todo en la segunda las reflexiones sobre el lenguaje son fundamentales.
El video que sigue corresponde a un recorte de una película realizada por Derek Jarman sobre la vida de este filósofo y lingüista.
En nuestro trabajo con el lenguaje encontramos que algunos terapeutas y también algunos docentes le prestan una confianza absoluta al código lingüístico. Quedan seducidos por el vocabulario y la gramática y se ciñen a ellos como camino excluyente. Pero Wittgenstein pone en cuestión este valor de las palabras. Al principio de este Blog se presenta un video en el que Lacan en una conferencia también duda y hace dudar.
Wittgenstein en su autocrítica acerca del “Tractatus” descartó que existiera un significado unívoco esencial debajo de cada palabra, las reúne en juegos de lenguaje diferentes, y cuando llega al límite del lenguaje recorre un más allá hecho de interacción, de gestualidad, otras manifestaciones, que exceden la descripción de la realidad.
El lenguaje es un instrumento de la vida, por lo que habrá tantos tipos de lenguaje como esferas fundamentales de la vida. Los juegos de lenguaje son los diferentes tipos de lenguaje
Hubo quienes pensaron y ayudaron a pensar. Heredamos de los filósofos del lenguaje conceptos fundamentales para nuestra práctica. Uno de ellos fue Ludwig Wittgenstein. Él era vienés, vivió entre los años 1889 y 1951 e invito a realizar una búsqueda sobre su pensamiento y su historia personal que es también muy interesante.
Wittgenstein publicó sólo un libro, el “Tractatus lógico-philosophicus”, que luego él mismo criticó en “Los cuadernos azul y marrón” y en sus “Investigaciones filosóficas”. Estas controversias marcan dos etapas diferentes en su pensamiento, sobre todo en la segunda las reflexiones sobre el lenguaje son fundamentales.
El video que sigue corresponde a un recorte de una película realizada por Derek Jarman sobre la vida de este filósofo y lingüista.
En nuestro trabajo con el lenguaje encontramos que algunos terapeutas y también algunos docentes le prestan una confianza absoluta al código lingüístico. Quedan seducidos por el vocabulario y la gramática y se ciñen a ellos como camino excluyente. Pero Wittgenstein pone en cuestión este valor de las palabras. Al principio de este Blog se presenta un video en el que Lacan en una conferencia también duda y hace dudar.
Wittgenstein en su autocrítica acerca del “Tractatus” descartó que existiera un significado unívoco esencial debajo de cada palabra, las reúne en juegos de lenguaje diferentes, y cuando llega al límite del lenguaje recorre un más allá hecho de interacción, de gestualidad, otras manifestaciones, que exceden la descripción de la realidad.
El lenguaje es un instrumento de la vida, por lo que habrá tantos tipos de lenguaje como esferas fundamentales de la vida. Los juegos de lenguaje son los diferentes tipos de lenguaje
lunes, 2 de noviembre de 2009
LA METÁFORA Y EL ICEBERG
Metáfora. Hermosa palabra. Ya sea en lo literario, como figura retórica, en sus juegos de similitud de sentido, evocando, como también en sus juegos de selección. Metáfora que surge, como condensación, como tropo, designando por otro nombre en la semejanza. Cuánto muestra y oculta una metáfora. Cuánto muestra y oculta el decir.“Con un movimiento de la lengua abarco mundos y extensiones de mundos”, dice Walt Whitman en “Hojas de Hierba”.
En la entrada anterior encontramos una metáfora que nos abre un espacio interesante. El periodista compara la lingüística como una casa con diferentes niveles y pregunta por la llave para abrir esta casa. David Crystal amplía el horizonte, pregunta por la calle en que se encuentra esa casa, por el barrio. Nos muestra el lenguaje en una dimensión mayor, la de la lingüística aplicada, la de la lingüística clínica. El espacio del encuentro para los que trabajamos con personas con problemas de lenguaje.
Herman Parret, profesor de Filosofía del Lenguaje y Estética en la Universidad de Lovaina, Bélgica, nos habla metafóricamente del “iceberg enunciativo”. La enunciación como acto irrepetible se nos evidencia sólo en la punta del iceberg, pero en el abismo, en las profundidades, aparece el sujeto que se apropia de lo sensible de la lengua. Así el discurso no puede escapar de un funcionamiento vital, es siempre y en todo lugar una forma de vida.
sábado, 3 de octubre de 2009
¿Por qué el humor? ¿Por qué David Crystal?
El chiste gráfico de la entrada anterior nos introduce, desde el humor, a cuestiones valorativas en relación a la importancia del código lingüístico en el lenguaje humano. Pareciera que actualmente arrasa con nuevos bríos en el ámbito de la terapéutica del lenguaje una técnica que pone énfasis en el arreglo o en la adaptación del código. Técnica hegemónica por la derivación que desde el poder realizan los neurólogos. Mijail Bajtin nos enseñó que contra el sentido monológico, contra la "palabra santa", los humanos tenemos el arma de la risa. Este Blog no carecerá de humor.
Buscando material en Internet encontré una entrevista a David Crystal y pensé que era importante publicarla para seguir pensando en el lenguaje. David Crystal es un lingüista irlandés que, entre otros, publicó un libro (dificil de conseguir, por lo menos para mi) llamado "La Enciclopedia del Lenguaje de la Universidad de Cambridge". En clase trabajamos con un capítulo que habla sobre las funciones del lenguaje.
Por supuesto, el sentido de la presentación de esta entrevista es fundamentalmente dialógico. Quien quiera comente.
“Más de 3.000 lenguas y dialectos desaparecerán en los próximos cien años”
A sus 58 años, este lingüista nacido en Lisburn, en Irlanda del Norte, pero galés de adopción, ha escrito más de una docena de libros sobre su especialidad y las patologías asociadas a la lingüística. Además de esa labor, que le ha supuesto el reconocimiento mundial, ahora dirige un centro de exhibición de arte.
Es un apuntador de sonidos, un verdadero obrero del lenguaje. Atiende con el mismo interés la charla que mantienen los diplomáticos de la Comisión Europea en los pasillos o la conversación de jóvenes del Harlem neoyorquino apoyados en sus coches. Escucha desde que era un niño, cuando vivía en Gales, una comunidad bilingüe del Reino Unido. La forma diferente de hablar de sus vecinos le sorprendió y nació su interés emocional por el lenguaje. En la universidad, aquella curiosidad se racionalizó. Así es David Crystal (1941), un analista de aquello que nos hace más humanos: el lenguaje.
–¿Qué es el lenguaje para usted?
–El lenguaje significa ser humano. No puedo realizar ningún enlace cultural sin él. Aunque no lo necesito para bailar ni para comer, me resulta imprescindible para explicar si lo que estoy comiendo está bueno o no. El lenguaje es parte de nuestro comportamiento. Es, en definitiva, lo que lo explica.
–Usted ha trabajado durante más de veinte años con personas discapacitadas para hablar, principalmente con sordomudos. Ellos también necesitan el lenguaje. ¿Qué fue lo que más aprendió de ellos?
–He trabajado mucho con personas que no tenían ninguna capacidad para hablar. Los médicos se preguntaban qué hacer con ellos. “Habladles. Eso es todo lo que podéis hacer”, les dije, porque ignorarlos no era ni es la solución. Hay que integrarlos en la sociedad, tratarlos como a los demás. Trabajé especialmente con niños y aprendí algo de cada uno de ellos. Durante más de doscientos años, la medicina ha analizado esta patología desde un punto de vista biológico. Lo que nosotros hacíamos era estudiarla desde un ángulo sociológico, psicológico y cultural. Tratábamos de saber en qué ambiente se hallaba ese niño, cuál era su historia personal. Normalmente estos pequeños tienen una capacidad limitada para aprender. Si los saturas con gramática, con vocabulario, les queda poco o ningún espacio para desarrollar otros aspectos de la comunicación, como la pronunciación. Durante veinte años, también estudiamos el proceso de aprendizaje de los niños normales, quienes a partir de un año usan una palabra por línea. A los dieciocho meses ya ponen dos palabras en esa línea y pronuncian ambas. Poco a poco, la frase se alarga y crece. Investigamos este fenómeno, elaboramos un método y lo aplicamos a los niños discapacitados.
–¿Cuál fue el papel de la música en las terapias que utilizó para ayudar a niños sordos y sordomudos?
–Fundamental. El ritmo es la esencia del lenguaje. Si usted tiene dos bebés, uno español y otro inglés, hasta los nueve meses los sonidos que emiten no se diferenciarán. Pero a partir de entonces, el bebé inglés comienza a decir “ga, ga” con el ritmo de la lengua inglesa y el español lo dice con el ritmo de la lengua castellana. En la enseñanza de un idioma la entonación y la melodía son esenciales. Captar el tono de una lengua es lo primero que se debe enseñar en las escuelas. Pero, habitualmente, esto se deja para el final. Primero se instruye a los niños en gramática, sintaxis, vocabulario, semántica y luego en entonación. Esto es un grave error y es la causa de que haya muchas personas que odien el lenguaje a edades muy tempranas y que después se desentiendan de él.
–¿Cómo enseñaría usted esta asignatura?
–Al principio no necesitaría la palabra para hacerlo. Comenzaría con la melodía del idioma que tengo que enseñar. Una vez aprendida, llegaría a la palabra. Empujaría a los alumnos a pronunciarla de distintas formas para expresar significados y emociones diferentes. Usaría la expresión corporal para enriquecer el significado. De este modo, los alumnos entran en un mundo de asombro, de descubrimiento. Poco a poco querrían y necesitarían saber más sobre el lenguaje y yo los acercaría a ello. Pienso que así llegarían a amar el lenguaje.
–En este momento, usted busca lenguas en proceso de extinción, que recogerá en su libro Lenguas Muertas. ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de este fenómeno?
–Mi gran obsesión durante los últimos tres años ha sido la futura desaparición de muchas lenguas y dialectos. En el mundo existen 6.000, pero dentro de cien años, más de la mitad se habrán extinguido. Las personas se preocupan por salvar animales y plantas, pero olvidan el lenguaje. Se han tomado medidas muy interesantes en algunos países como, por ejemplo, en España con el gallego, el catalán y el eusquera. Sin embargo, en otros lugares del mundo no se ha llevado a cabo ninguna estrategia. Se necesita un cuarto de millón de dólares para realizar los estudios y grabaciones de una lengua en peligro de desaparición. Esta cantidad, multiplicada por las 3.000 lenguas que se hallan en peligro, se convierte en seiscientos millones de dólares. Parece mucho dinero, y lo es, pero Microsoft lo gana en una hora. La mejor solución para este problema es concienciar a las personas de lo que significa esta pérdida.
–El lenguaje es un tesoro visible, pero difícil de descubrir. ¿Cuáles son los caminos para acercarnos a él, a su comprensión y a la de nosotros mismos?
–Ciertamente, las personas piensan que la lengua es algo natural, algo garantizado. Se dan cuenta de la importancia del lenguaje cuando pierden la posibilidad de hablar, cuando tienen que aprender otro idioma o cuando alguien trata de imponerles otra lengua. Desde el inicio de esta década la enseñanza inglesa ha introducido la asignatura de Lengua desde los cinco años. El éxito de esta decisión es considerable. En otros países de Europa, sin embargo, continúan impartiendo esta materia a partir de edades más avanzadas y con un método que la torna aburrida. Hay que enseñar la lengua de la calle, el lenguaje que forma parte de la vida diaria de los niños, no el de Cervantes. El nuevo método de enseñanza de la lengua inglesa en mi país trata de ser realista. Sin embargo, la influencia de la Academia en otros países es fuerte y hace difícil la introducción de cambios en esos métodos.
–La lingüística es una gran casa con diferentes niveles: la gramática, la semántica, la fonología, la fonética, la sintaxis, etcétera. ¿Cuál es la llave que abre esta casa a las personas?
–Lo que yo me preguntaría es esto: ¿en qué calle está la casa?, ¿en qué parte de la ciudad está esa calle?, ¿es una casa que se alza en un barrio donde el argot es norma común o en un área en donde se habla de otro modo? Hay que estudiar, en mi opinión, el contexto de la lengua antes de analizar su vocabulario, su gramática, su sintaxis o su semántica. Hay que mirar la lengua en relación con la realidad que la rodea. Esto es lo que hace la Lingüística Aplicada, que es la más importante para mí. Quién usa la lengua, por qué la emplea de ese modo, cómo la usa, por qué esa lengua aparece en anuncios de publicidad, por qué se escucha en la radio, en las canciones, etcétera, esto es lo que hay que averiguar primero. Luego, puedes estudiar su gramática para saber cómo se estructura esa lengua y llega a la gente.
–Usted ha escrito el libro English As a Global Language o El Inglés como Lengua Global. ¿Qué consecuencias puede tener el avance del inglés en el futuro de la humanidad?
–Durante los próximos cien años el número de personas que hablen inglés como segunda lengua seguirá aumentando. Quizá, más adelante, el imperio económico de los Estados Unidos decaiga y otro lo sustituya expandiendo su propio idioma. Por el momento, la consecuencia de esta realidad es la existencia de una lengua franca, el inglés, que facilita la comunicación entre las personas de distintas nacionalidades. Esto será positivo mientras se mantenga el derecho a la diferencia, al mantenimiento de la propia identidad, mientras muchas lenguas existan en el mundo y el inglés se utilice como lengua franca. Pero si el resto de las lenguas desapareciesen y sólo existiera el inglés, nos hallaríamos ante una catástrofe. Si se pierde la diversidad de las lenguas, se deteriora la esencia de las mismas. Esto sería muy peligroso. Por otro lado, la diferencia hace feliz a la gente. Usted y yo hablamos con una lengua franca, el inglés, y somos felices teniendo nuestra propia lengua. Pero si alguien trata de imponernos una única lengua, diremos que no y habrá un conflicto. Yugoslavia es un claro ejemplo de esto.
–Estadísticamente y según datos extraídos de su Encyclopedia, cuando los ingleses hablan utilizan un 60 por 100 de vocales, un 40 por 100 de consonantes, la mayor parte de sus palabras son monosílabas y la e y la t son las letras más utilizadas tanto en charlas científicas como literarias o periodísticas. ¿Ocurre esto también en otros idiomas?
–Sí, aunque en el caso del español la l sería la consonante más utilizada. Siempre hay una consonante y una vocal que son más frecuentes. Nosotros no nos damos cuenta de la frecuencia con que usamos una vocal o una consonante. Tampoco sabemos que en nuestro cerebro hay 50.000 palabras y 3.000 construcciones gramaticales. Estadísticamente no se puede controlar esta capacidad, pero sí puede intentarse haciendo aproximaciones. Cuando estudias el lenguaje de un autor, la esencia de su estilo, aprendes mucho, pero sabes que él no era consciente de la frecuencia y usos de su propio lenguaje. Si lo fuera, su lenguaje se devastaría. Lo mismo nos ocurriría al resto de las personas.
–Deme tres ideas para mejorar nuestro uso y conocimiento del lenguaje y de nosotros mismos.
–La primera, abrir nuestros ojos a todo. Leer abiertamente anuncios, periódicos, literatura, porque de todo se aprende. La segunda, desarrollar la tolerancia. No condenar a otros porque no pueden hablar o porque hablan de otro modo. Cuando uno va al zoo o a un museo se deleita contemplándolos y dice: “qué maravillosa diversidad”. Lo mismo debe ocurrir cuando escuchamos otros modos de hablar, porque esas lenguas, sus sonidos, sus músicas, están llenas de imaginación y nos enriquecen. La tercera, ser conscientes de nuestra lengua. Hay mucha gente que no puede usarla, como incapacitados o inmigrantes. De hecho, ahí están esas 3.000 lenguas en peligro de extinción y a nadie parece importarle.
Juana Vera
Esta entrevista fue publicada en diciembre de 1999, en el número 223 de MUY Interesante.
Buscando material en Internet encontré una entrevista a David Crystal y pensé que era importante publicarla para seguir pensando en el lenguaje. David Crystal es un lingüista irlandés que, entre otros, publicó un libro (dificil de conseguir, por lo menos para mi) llamado "La Enciclopedia del Lenguaje de la Universidad de Cambridge". En clase trabajamos con un capítulo que habla sobre las funciones del lenguaje.
Por supuesto, el sentido de la presentación de esta entrevista es fundamentalmente dialógico. Quien quiera comente.
“Más de 3.000 lenguas y dialectos desaparecerán en los próximos cien años”
A sus 58 años, este lingüista nacido en Lisburn, en Irlanda del Norte, pero galés de adopción, ha escrito más de una docena de libros sobre su especialidad y las patologías asociadas a la lingüística. Además de esa labor, que le ha supuesto el reconocimiento mundial, ahora dirige un centro de exhibición de arte.
Es un apuntador de sonidos, un verdadero obrero del lenguaje. Atiende con el mismo interés la charla que mantienen los diplomáticos de la Comisión Europea en los pasillos o la conversación de jóvenes del Harlem neoyorquino apoyados en sus coches. Escucha desde que era un niño, cuando vivía en Gales, una comunidad bilingüe del Reino Unido. La forma diferente de hablar de sus vecinos le sorprendió y nació su interés emocional por el lenguaje. En la universidad, aquella curiosidad se racionalizó. Así es David Crystal (1941), un analista de aquello que nos hace más humanos: el lenguaje.–¿Qué es el lenguaje para usted?
–El lenguaje significa ser humano. No puedo realizar ningún enlace cultural sin él. Aunque no lo necesito para bailar ni para comer, me resulta imprescindible para explicar si lo que estoy comiendo está bueno o no. El lenguaje es parte de nuestro comportamiento. Es, en definitiva, lo que lo explica.
–Usted ha trabajado durante más de veinte años con personas discapacitadas para hablar, principalmente con sordomudos. Ellos también necesitan el lenguaje. ¿Qué fue lo que más aprendió de ellos?
–He trabajado mucho con personas que no tenían ninguna capacidad para hablar. Los médicos se preguntaban qué hacer con ellos. “Habladles. Eso es todo lo que podéis hacer”, les dije, porque ignorarlos no era ni es la solución. Hay que integrarlos en la sociedad, tratarlos como a los demás. Trabajé especialmente con niños y aprendí algo de cada uno de ellos. Durante más de doscientos años, la medicina ha analizado esta patología desde un punto de vista biológico. Lo que nosotros hacíamos era estudiarla desde un ángulo sociológico, psicológico y cultural. Tratábamos de saber en qué ambiente se hallaba ese niño, cuál era su historia personal. Normalmente estos pequeños tienen una capacidad limitada para aprender. Si los saturas con gramática, con vocabulario, les queda poco o ningún espacio para desarrollar otros aspectos de la comunicación, como la pronunciación. Durante veinte años, también estudiamos el proceso de aprendizaje de los niños normales, quienes a partir de un año usan una palabra por línea. A los dieciocho meses ya ponen dos palabras en esa línea y pronuncian ambas. Poco a poco, la frase se alarga y crece. Investigamos este fenómeno, elaboramos un método y lo aplicamos a los niños discapacitados.
–¿Cuál fue el papel de la música en las terapias que utilizó para ayudar a niños sordos y sordomudos?
–Fundamental. El ritmo es la esencia del lenguaje. Si usted tiene dos bebés, uno español y otro inglés, hasta los nueve meses los sonidos que emiten no se diferenciarán. Pero a partir de entonces, el bebé inglés comienza a decir “ga, ga” con el ritmo de la lengua inglesa y el español lo dice con el ritmo de la lengua castellana. En la enseñanza de un idioma la entonación y la melodía son esenciales. Captar el tono de una lengua es lo primero que se debe enseñar en las escuelas. Pero, habitualmente, esto se deja para el final. Primero se instruye a los niños en gramática, sintaxis, vocabulario, semántica y luego en entonación. Esto es un grave error y es la causa de que haya muchas personas que odien el lenguaje a edades muy tempranas y que después se desentiendan de él.
–¿Cómo enseñaría usted esta asignatura?
–Al principio no necesitaría la palabra para hacerlo. Comenzaría con la melodía del idioma que tengo que enseñar. Una vez aprendida, llegaría a la palabra. Empujaría a los alumnos a pronunciarla de distintas formas para expresar significados y emociones diferentes. Usaría la expresión corporal para enriquecer el significado. De este modo, los alumnos entran en un mundo de asombro, de descubrimiento. Poco a poco querrían y necesitarían saber más sobre el lenguaje y yo los acercaría a ello. Pienso que así llegarían a amar el lenguaje.
–En este momento, usted busca lenguas en proceso de extinción, que recogerá en su libro Lenguas Muertas. ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de este fenómeno?
–Mi gran obsesión durante los últimos tres años ha sido la futura desaparición de muchas lenguas y dialectos. En el mundo existen 6.000, pero dentro de cien años, más de la mitad se habrán extinguido. Las personas se preocupan por salvar animales y plantas, pero olvidan el lenguaje. Se han tomado medidas muy interesantes en algunos países como, por ejemplo, en España con el gallego, el catalán y el eusquera. Sin embargo, en otros lugares del mundo no se ha llevado a cabo ninguna estrategia. Se necesita un cuarto de millón de dólares para realizar los estudios y grabaciones de una lengua en peligro de desaparición. Esta cantidad, multiplicada por las 3.000 lenguas que se hallan en peligro, se convierte en seiscientos millones de dólares. Parece mucho dinero, y lo es, pero Microsoft lo gana en una hora. La mejor solución para este problema es concienciar a las personas de lo que significa esta pérdida.
–El lenguaje es un tesoro visible, pero difícil de descubrir. ¿Cuáles son los caminos para acercarnos a él, a su comprensión y a la de nosotros mismos?
–Ciertamente, las personas piensan que la lengua es algo natural, algo garantizado. Se dan cuenta de la importancia del lenguaje cuando pierden la posibilidad de hablar, cuando tienen que aprender otro idioma o cuando alguien trata de imponerles otra lengua. Desde el inicio de esta década la enseñanza inglesa ha introducido la asignatura de Lengua desde los cinco años. El éxito de esta decisión es considerable. En otros países de Europa, sin embargo, continúan impartiendo esta materia a partir de edades más avanzadas y con un método que la torna aburrida. Hay que enseñar la lengua de la calle, el lenguaje que forma parte de la vida diaria de los niños, no el de Cervantes. El nuevo método de enseñanza de la lengua inglesa en mi país trata de ser realista. Sin embargo, la influencia de la Academia en otros países es fuerte y hace difícil la introducción de cambios en esos métodos.
–La lingüística es una gran casa con diferentes niveles: la gramática, la semántica, la fonología, la fonética, la sintaxis, etcétera. ¿Cuál es la llave que abre esta casa a las personas?
–Lo que yo me preguntaría es esto: ¿en qué calle está la casa?, ¿en qué parte de la ciudad está esa calle?, ¿es una casa que se alza en un barrio donde el argot es norma común o en un área en donde se habla de otro modo? Hay que estudiar, en mi opinión, el contexto de la lengua antes de analizar su vocabulario, su gramática, su sintaxis o su semántica. Hay que mirar la lengua en relación con la realidad que la rodea. Esto es lo que hace la Lingüística Aplicada, que es la más importante para mí. Quién usa la lengua, por qué la emplea de ese modo, cómo la usa, por qué esa lengua aparece en anuncios de publicidad, por qué se escucha en la radio, en las canciones, etcétera, esto es lo que hay que averiguar primero. Luego, puedes estudiar su gramática para saber cómo se estructura esa lengua y llega a la gente.
–Usted ha escrito el libro English As a Global Language o El Inglés como Lengua Global. ¿Qué consecuencias puede tener el avance del inglés en el futuro de la humanidad?
–Durante los próximos cien años el número de personas que hablen inglés como segunda lengua seguirá aumentando. Quizá, más adelante, el imperio económico de los Estados Unidos decaiga y otro lo sustituya expandiendo su propio idioma. Por el momento, la consecuencia de esta realidad es la existencia de una lengua franca, el inglés, que facilita la comunicación entre las personas de distintas nacionalidades. Esto será positivo mientras se mantenga el derecho a la diferencia, al mantenimiento de la propia identidad, mientras muchas lenguas existan en el mundo y el inglés se utilice como lengua franca. Pero si el resto de las lenguas desapareciesen y sólo existiera el inglés, nos hallaríamos ante una catástrofe. Si se pierde la diversidad de las lenguas, se deteriora la esencia de las mismas. Esto sería muy peligroso. Por otro lado, la diferencia hace feliz a la gente. Usted y yo hablamos con una lengua franca, el inglés, y somos felices teniendo nuestra propia lengua. Pero si alguien trata de imponernos una única lengua, diremos que no y habrá un conflicto. Yugoslavia es un claro ejemplo de esto.
–Estadísticamente y según datos extraídos de su Encyclopedia, cuando los ingleses hablan utilizan un 60 por 100 de vocales, un 40 por 100 de consonantes, la mayor parte de sus palabras son monosílabas y la e y la t son las letras más utilizadas tanto en charlas científicas como literarias o periodísticas. ¿Ocurre esto también en otros idiomas?
–Sí, aunque en el caso del español la l sería la consonante más utilizada. Siempre hay una consonante y una vocal que son más frecuentes. Nosotros no nos damos cuenta de la frecuencia con que usamos una vocal o una consonante. Tampoco sabemos que en nuestro cerebro hay 50.000 palabras y 3.000 construcciones gramaticales. Estadísticamente no se puede controlar esta capacidad, pero sí puede intentarse haciendo aproximaciones. Cuando estudias el lenguaje de un autor, la esencia de su estilo, aprendes mucho, pero sabes que él no era consciente de la frecuencia y usos de su propio lenguaje. Si lo fuera, su lenguaje se devastaría. Lo mismo nos ocurriría al resto de las personas.
–Deme tres ideas para mejorar nuestro uso y conocimiento del lenguaje y de nosotros mismos.
–La primera, abrir nuestros ojos a todo. Leer abiertamente anuncios, periódicos, literatura, porque de todo se aprende. La segunda, desarrollar la tolerancia. No condenar a otros porque no pueden hablar o porque hablan de otro modo. Cuando uno va al zoo o a un museo se deleita contemplándolos y dice: “qué maravillosa diversidad”. Lo mismo debe ocurrir cuando escuchamos otros modos de hablar, porque esas lenguas, sus sonidos, sus músicas, están llenas de imaginación y nos enriquecen. La tercera, ser conscientes de nuestra lengua. Hay mucha gente que no puede usarla, como incapacitados o inmigrantes. De hecho, ahí están esas 3.000 lenguas en peligro de extinción y a nadie parece importarle.
Juana Vera
Esta entrevista fue publicada en diciembre de 1999, en el número 223 de MUY Interesante.
lunes, 28 de septiembre de 2009
A este náufrago la cosa se le complicó

Hubiese sido más práctico que le mande una plancha para poner en el fuego y cocinar un pescadito. O quizás, el mensaje tenía un sentido metafórico y se trataba de lanzarse al mar, hacer la plancha y dejarse llevar por las olas.
¿O Dios tendrá algún problema para discriminar fonemas?
O, la naturaleza del lenguaje, ¿no excederá a los fines comunicativos?
En fin, será cuestión de sumergirnos en un campo de discurso y reconocer en el decir múltiples posibilidades de articulaciones generadoras de sentido que exceden al proceso de decodificación.
sábado, 26 de septiembre de 2009
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