lunes, 22 de febrero de 2010

Cine y diagnóstico

Les presento algunas escenas de una película.
Se trata de "Ben X", una producción belga dirigida por Nic Balthazar. El protagonista es un joven con Síndrome de Asperger que maneja sus dificultades para interactuar socialmente mediante un juego de rol por internet. Sin embargo, no es mi intención contar la película sino ilustrar con estas escenas instancias del momento diagnóstico. Espero iniciar así un diálogo sobre este tema.





viernes, 5 de febrero de 2010

Hechos de discurso

Estamos hechos de discurso. Pero no de grandes discursos, sino de balbuceos.
En la literatura, fue Chéjov uno de los primeros en entenderlo. Sus cuentos hablan de esos pequeños enunciados cotidianos que nos construyen, hablan de esos balbuceos.
Hace más de cien años este escritor nos mostró la enorme incidencia de las palabras en nuestra vida. Raymond Carver, un cuentista de Estados Unidos, a partir de la influencia de Chéjov retoma esta forma del relato.
Ambos me han enseñado mucho sobre cómo escribir.
Ambos me ayudaron a ver en el diálogo con los niños la dinámica que mis palabras pueden disparar.
Alguna vez escribí un cuento que fue publicado en el libro "Crestomatía a la violeta", un emprendimiento de "Locos por los tropos", el genial grupo operativo del Curso de Coordinadores de Taller Literario 2005.
Lo ofrezco a los visitantes del Blog. Se llama "Mamá no miente".

El golpe llegó potente pero impreciso, un mamporro, esas piñas que sacuden por el aire los que han perdido el control. Mientras su mamá caía desparramada en el piso, María se acurrucó sentada entre la cama y la pared de la pieza, sostuvo las piernas con las manitos y metió la cabeza entre las rodillas para no ver. Le hubiera gustado salir corriendo para no escuchar pero el corpacho de él se interponía entre ella y la puerta.
Gritaban, gritaban mucho. Él la insultaba y le reprochaba un engaño, ella pedía perdón y clemencia.
–Basta guacho, pará, si me das otra piña me mato, te juro que me mato.
Escuchó gritar a su mamá. Se asustó mucho, apretó fuerte los ojos para evitar que cayera una lágrima, quiso pensar en otra cosa.
El hombre avanzó y volvió a pegar, humillado, una y otra vez, manotazos hacia un lado y hacia el otro, encontrando la cara de la mujer, cachetazos que retumbaban en la pieza.
–Andate, andate y no vuelvas –dijo con voz grave.
María sintió una mano grande y fría que aferraba la suya. Con los ojos entrecerrados, húmedos, salió de la pieza. El frío de la noche le devolvió la calidez a la mano de mamá, la apretó mucho y se dejó llevar. Caminaron por calles de oscuro silencio, entraron a un bar, mamá habló por teléfono. María recién recobró el calor del cuerpo cuando se sentaron en el vagón del tren. Preguntó dónde iban y la madre dijo que a la casa de la tía. En otra ocasión hubiera protestado, se aburría mucho, no había con quién jugar, pero esta vez apoyó la nariz contra el vidrio de la ventanilla y se entretuvo con las luces que avanzaban en sentido contrario al del tren.
La tía vivía en un barrio de gente grande, en una casa chica. El único entretenimiento para María eran los dibujitos que daban en la tele al mediodía y las salidas que las tardes de sol hacía con mamá a la plaza.
Era un parque grande, con muchos juegos y muchos chicos, y María, que sabía hacerse amigos, charlaba y jugaba con todos. Se sentía contenta, libre por un rato y corría y gritaba, siempre rodeada de otros chicos. A veces miraba a mamá, sentada sola en un banco y le parecía que estaba cansada, corría al tobogán se tiraba varias veces y cuando miraba otra vez el banco y le parecía que mamá estaba aburrida corría a sentarse y charlar con ella.
–¿Me querés mamá?
–Si María, mamá te quiere.
–¿Me comprás un alfajor?
–Cuando nos vayamos mamá te compra, ahora andá a jugar.
Vuelta a los juegos, al sabor salado del sudor en los labios, a las voces alegres de los amigos, que zigzaguean en los diálogos como escapando del chico que le toca ser mancha. Y cuando se sentaba en el pasto y le parecía que mamá estaba triste corría a buscarla y le decía:
–¿Vamos?
Caminaban de la mano hasta la casa de la tía, siempre el mismo recorrido, el mercado de la esquina, dos cuadras, el kiosco, una cuadra, la puerta verde de chapa. María prestaba atención a todo, pero lo que más le interesaba era la lucecita azul del kiosco. Cuando la veía la boca se llenaba del recuerdo dulce del alfajor, apretaba más la mano de mamá y pensaba: “que me compre, me dijo que me iba a comprar”. Mientras se acercaban al negocio caminaba mas despacio, como con miedo. Cuando mamá se detenía se le dibujaba una sonrisa.
–Tomá María, mamá no miente, mamá nunca miente.
Los días que pasaban en la casa de la tía se estiraban mucho, María extrañaba la escuela, sus juguetes, los chicos del barrio. Encima mamá se quejaba siempre. Salía a la mañana y volvía protestando porque no le daban trabajo. La tía también salía temprano y llegaba casi de noche.
Ese día María estaba triste porque no había sol y cuando estaba nublado no iban a la plaza. Pero después de comer mamá le dijo que se pusiera las zapatillas y salieron. No había muchos chicos, pero los juegos estaban esperándola y se podía correr y conocer algunos amigos nuevos. Se encontró con una nena y jugaron a las visitas, mientras preparaba el café miró a su mamá sentada en el banco, y le pareció que estaba cansada. Tomaron café, charlaron, levantaron la mesa y mientras lavaba las tazas miró en el banco a su mamá aburrida, pero ella tenía que lavar y no podía ir a charlar con ella. Llegaron otros invitados, una nena de pelo corto y un chico de pelo largo que le dijo que tenía lindos ojos. Decidieron jugar a las escondidas, mientras corría para esconderse miró a mamá que se secaba una lágrima con la mano y se dio cuenta que estaba triste, pero María no quería irse, no se deja solos a los invitados, y además le tocaba contar al chico de pelo largo.
Cuando le tocó contar a ella miró hacia el banco y mamá no estaba. Primero se asustó pero después pensó que como era tarde había ido a comprar el alfajor. Quiso seguir jugando pero no pudo porque las madres ya se llevaban a los chicos, una saludó pero los demás se fueron corriendo cuando escucharon gritar su nombre. María se sentó un ratito en el banco, pensó que mamá tardaba mucho, que se hacía de noche, que si podía volver sola. Esperó un poco mas, empezó a sentir el cansancio en las piernas, el mismo de antes de bañarse y se dio cuenta que ya era tarde. Decidió caminar hasta el kiosco para encontrar a mamá. Extrañó la mano cálida, y cuando vio la luz azul, ni sintió nada dulce en la boca, ni nadie estaba parado frente a la ventanita.
Siguió caminando hasta la casa de la tía, intentó abrir la puerta pero no pudo. Se sentó en el umbral, acurrucada, con las manitos agarrando las piernas y la cabeza entre las rodillas para no mirar. El pelo rubio, lacio, como una cortina sobre el cuerpo reflejaba parcialmente la luz del farol. El tiempo pasó lento. Los recuerdos invadían a María, eran violencia, eran miedo, eran tristeza, una ausencia. Se asustó mucho, apretó fuerte los ojos para evitar que cayera una lágrima, quiso pensar en otra cosa.
Era de noche ya cuando llegó la tía. Le preguntó que hacía, que dónde estaba mamá, que si no tenía frío, y María que no podía hablar. La tía intentó abrir la puerta pero la llave no entraba en la cerradura, se trababa. Puteó, la agarró de la mano y la llevó a la casa de una vecina. Le dieron una taza de leche, con la que calentó sus manos frías.
–Quedate acá –dijo la tía–. Hasta que venga tu mamá.
–Mamá no va a venir –dijo María.
–¿Por qué decís eso, dónde fue?
–Porque mamá no miente, mamá nunca miente.

miércoles, 27 de enero de 2010

Cuando se nos escapa el código

Mi impericia para manejar imágenes hizo que en la historieta de Caloi no quedaran claros los diálogos. Así que reparo este error escribiéndolos ahora:

Niño: "¿Éte guá- guau?"
Adulto: "No. Ése es un perro."
N: "¿Tonce no é guá-guau?"
A: "No. Guá-guau, no. Perro. Pe-rro."
N: "Do creía que eda un guá-guau."
A: "Pero se llama perro."
N: "Pero haze guá-guau."
A: "Sí, hace guá-guau. Pero es un perro."
N: "¡Uuh!¡Midá qué dindo vazito de café!"
A: "¡No, nene!¡Dejá eso!¡Caca!"
N: "¿Eto caca?"
A: "Sí."

lunes, 25 de enero de 2010

¿Qué es el alma?

Las últimas entradas del blog comienzan a rondar cuestiones relativas a la adquisición del lenguaje.
Recuerdo una anécdota:
Mi hijo Pablo, de 4 años, nos preguntó inquisitivo durante la cena: ¿"qué es el alma?". Nuestra respuesta, puestos en un aprieto, requirió el uso de muchas palabras analizadas previamente para que resulten adecuadas a la comprensión de Pablo. Expusimos creencias, diminutas consideraciones filosóficas y argumentos variados. Pablo esperó expectante. Por fin, cuando nuestro silencio marcó el final de los enunciados, replicó confundido: "Yo no digo eso, yo digo lo que se rompen los chicos cuando se caen".
¿Cuántas veces se ignora en los estudios de lenguaje esta relación de los padres y el niño influyéndose mutuamente?
Los niños descrubren activamente las reglas del sistema lingüístico, no por imitación sino a través de las experiencias con significado, experimentando con las reglas y probando sus propias hipótesis.
Suele ignorarse el aspecto estructural y tomar la adquisición linealmente, centrada en aspectos aislados como producción y percepción.
Los que trabajamos con el lenguaje debemos considerar también estas cuestiones. No nos vaya a pasar como en esta historieta:


viernes, 22 de enero de 2010

Sobre el abordaje terapéutico en trastornos del lenguaje

Este artículo fue publicado hace tiempo atrás en la revista "El Cisne", en función de la entrada anterior me parece adecuado mostrarlo en el Blog.

EL MUTISMO EN UN NIÑO

Con ademán confuso cubría la cara de unos muñequitos que formaban parte de la caja de juegos. Este actuar podía no ser significativo, ninguna acción humana lo es si se la presenta solitaria, anónima, fuera de situación. Pero en este caso se trataba de Juan, un niño de 4 años, que no hablaba y jugaba interactuando conmigo, su terapeuta de lenguaje.
En ocasiones anteriores las voces que dieron respuesta al mutismo de Juan adoptaron nombres como "anartria", "audimudez" y otros que se entramaban en un diagnóstico que ocultaba mas de lo que descubría. Sin embargo, una voz faltaba ser escuchada, aquella que él no emitía pero que, revelando un silencioso sentido, esperó conformarse en atención a mi réplica.
Para comprender el síntoma mi abordaje debía carecer de rol, requería neutralidad para participar en una situación de diálogo que podía desarrollarse en lo corporal y no sólo verbalmente. Adherir a una nominación diagnóstica y actuar con las técnicas reeducativas que se suelen utilizar derivaría posiblemente en la limitación y acotamiento del niño, que en el mutismo se mostraba perdido en sí mismo. Por el contrario, mi presencia dejaba abierto un espacio para que el discurso se movilice, suscitando la actualización en la transferencia de interrogantes que me posicionaban hacia la situación de conflicto.
En toda sesión se reproduce una instancia relacionada con el síntoma que puede reconocerse oyendo efectivamente la enunciación, preguntándose sobre el sentido, sobre quién habla, sabiendo cuando callar o decir. De acuerdo a este punto de vista me propuse actuar.
Observé que en el desarrollo del juego y desde el refugio de su silencio a Juan le era posible arriesgar, mostrar, exponerse. Asimismo, mi actitud abierta y libre permitía una manifestación en común, en resonancia. Hecho que, como en el fenómeno físico- acústico, requería consonancia con el otro y producía un efecto de repercusión.
Así, las resonancias del tapar la cara de los muñecos fueron preparatorias, como la comprensión de la réplica, de mi señalamiento. Persuadido de que en ese momento el niño podía escuchar, intenté devolver lo que entendí diciendo:" así no pueden hablar", enunciado que al entenderse en relación con su propia falta de habla permitió una diferenciación.
Juan comenzó a permitirse explorar con los sonidos, golpeaba elementos del consultorio y arrojaba juguetes, su conducta resultó más extrovertida. Empezaba a expresarse mediante el ruido, ya no era el chico extremadamente juicioso de principios del tratamiento; mis intervenciones eran permisivas aunque con reglas en cuanto espacios y tiempos. El habla pudo desarrollarse progresivamente, interrumpía el silencio con la palabra, dirigida en un primer momento a su madre y expandiéndose luego a los otros.

La reseña de este caso pretende solamente puntualizar aspectos del abordaje terapéutico en los trastornos del lenguaje, no he querido exponer las causas profundas y determinantes de la ausencia del habla en Juan. Asimismo, no es el mutismo en el niño (con N mayúscula) materia de opinión en este texto. Intento evitar una generalización sobre la patología para eludir abstracciones que justifican el empleo de técnicas estandarizadas, producciones monológicas que acotan la creatividad.
En casos patológicos la lengua y sus componentes pueden ser alterados, modificados, sustituídos, rechazados. Pero el lenguaje excede los dominios de lo reproducible, incluye el habla y la potencialidad creadora del sujeto. Así, un niño que padece un trastorno no es como cualquier otro, posee una subjetividad que se evidencia irrepetible en la situación dialógica, y sólo la inclusión en este contexto permite un encuentro que posibilitará intervenir de acuerdo con la sintomatología.
Operar terapéuticamente en esta matriz de diálogo implica querer comunicarse con el sujeto que el paciente es, preguntarse por el sentido de su decir, atender a la transferencia, permitir que el lenguaje se asocie al reconocimiento comunicando las resonancias que el discurso produce en el terapeuta. La función terapéutica debe evitar la imitación de un modelo, para que el desarrollo del lenguaje permita al niño expresar su deseo en lo irrepetible de sus enunciados.

domingo, 10 de enero de 2010

Los vendedores de naipes y el lenguaje

El video que les presento es una muestra de aquellos que toman el lenguaje sólo a partir del código. De quienes trabajan los trastornos lingüísticos a través de la gimnasia de labios y de lengua.
Cuando estudiaba Fonoaudiología, el curso estaba en manos de una cátedra de Otorrinolaringología de la UBA. El director era un médico misógino que pretendía que las Fonoaudiólogas y Fonoaudiólogos (para él los varones que estudiábamos Fono eramos líderes u "otra cosa") hagamos con los niños con trastornos de lenguaje sólo actividades práxicas. Pero... A él también algunas preguntas le aparecían respecto al lenguaje. Y desde este enfoque "tradicional" no podía dar respuestas.
Por lo tanto, en la cursada los estudiantes teníamos materias como: Psicoanálisis, Lingüística. Que también nos remitían a preguntas.
Observen que en el video las colegas parecen sugerir que el niño aprende imitando.
Podrían preguntarse por qué cada uno de estos niños alteran, omiten o no adquieren los sonidos de la lengua. Pero... Las preguntas cuestionarían el método mismo. Y la seguridad sobre lo que están vendiendo.
Sin embargo, en algo coincido. Que un niño juegue con su padre favorece la adquisición del lenguaje. Aunque juegue al "culo sucio".
Eso sí, el video aporta algo del humor que este blog tiene que tener. Las caras de las chicas haciendo morisquetas son impagables.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Wittgenstein de película

Luego de la necesaria entrada anterior volvemos a pensar sobre el lenguaje.
Hubo quienes pensaron y ayudaron a pensar. Heredamos de los filósofos del lenguaje conceptos fundamentales para nuestra práctica. Uno de ellos fue Ludwig Wittgenstein. Él era vienés, vivió entre los años 1889 y 1951 e invito a realizar una búsqueda sobre su pensamiento y su historia personal que es también muy interesante.
Wittgenstein publicó sólo un libro, el “Tractatus lógico-philosophicus”, que luego él mismo criticó en “Los cuadernos azul y marrón” y en sus “Investigaciones filosóficas”. Estas controversias marcan dos etapas diferentes en su pensamiento, sobre todo en la segunda las reflexiones sobre el lenguaje son fundamentales.
El video que sigue corresponde a un recorte de una película realizada por Derek Jarman sobre la vida de este filósofo y lingüista.



En nuestro trabajo con el lenguaje encontramos que algunos terapeutas y también algunos docentes le prestan una confianza absoluta al código lingüístico. Quedan seducidos por el vocabulario y la gramática y se ciñen a ellos como camino excluyente. Pero Wittgenstein pone en cuestión este valor de las palabras. Al principio de este Blog se presenta un video en el que Lacan en una conferencia también duda y hace dudar.

Wittgenstein en su autocrítica acerca del “Tractatus” descartó que existiera un significado unívoco esencial debajo de cada palabra, las reúne en juegos de lenguaje diferentes, y cuando llega al límite del lenguaje recorre un más allá hecho de interacción, de gestualidad, otras manifestaciones, que exceden la descripción de la realidad.
El lenguaje es un instrumento de la vida, por lo que habrá tantos tipos de lenguaje como esferas fundamentales de la vida. Los juegos de lenguaje son los diferentes tipos de lenguaje

lunes, 2 de noviembre de 2009

LA METÁFORA Y EL ICEBERG

Metáfora. Hermosa palabra. Ya sea en lo literario, como figura retórica, en sus juegos de similitud de sentido, evocando, como también en sus juegos de selección. Metáfora que surge, como condensación, como tropo, designando por otro nombre en la semejanza. Cuánto muestra y oculta una metáfora. Cuánto muestra y oculta el decir.
“Con un movimiento de la lengua abarco mundos y extensiones de mundos”, dice Walt Whitman en “Hojas de Hierba”.
En la entrada anterior encontramos una metáfora que nos abre un espacio interesante. El periodista compara la lingüística como una casa con diferentes niveles y pregunta por la llave para abrir esta casa. David Crystal amplía el horizonte, pregunta por la calle en que se encuentra esa casa, por el barrio. Nos muestra el lenguaje en una dimensión mayor, la de la lingüística aplicada, la de la lingüística clínica. El espacio del encuentro para los que trabajamos con personas con problemas de lenguaje.
Herman Parret, profesor de Filosofía del Lenguaje y Estética en la Universidad de Lovaina, Bélgica, nos habla metafóricamente del “iceberg enunciativo”. La enunciación como acto irrepetible se nos evidencia sólo en la punta del iceberg, pero en el abismo, en las profundidades, aparece el sujeto que se apropia de lo sensible de la lengua. Así el discurso no puede escapar de un funcionamiento vital, es siempre y en todo lugar una forma de vida.

sábado, 3 de octubre de 2009

¿Por qué el humor? ¿Por qué David Crystal?

El chiste gráfico de la entrada anterior nos introduce, desde el humor, a cuestiones valorativas en relación a la importancia del código lingüístico en el lenguaje humano. Pareciera que actualmente arrasa con nuevos bríos en el ámbito de la terapéutica del lenguaje una técnica que pone énfasis en el arreglo o en la adaptación del código. Técnica hegemónica por la derivación que desde el poder realizan los neurólogos. Mijail Bajtin nos enseñó que contra el sentido monológico, contra la "palabra santa", los humanos tenemos el arma de la risa. Este Blog no carecerá de humor.
Buscando material en Internet encontré una entrevista a David Crystal y pensé que era importante publicarla para seguir pensando en el lenguaje. David Crystal es un lingüista irlandés que, entre otros, publicó un libro (dificil de conseguir, por lo menos para mi) llamado "La Enciclopedia del Lenguaje de la Universidad de Cambridge". En clase trabajamos con un capítulo que habla sobre las funciones del lenguaje.
Por supuesto, el sentido de la presentación de esta entrevista es fundamentalmente dialógico. Quien quiera comente.

“Más de 3.000 lenguas y dialectos desaparecerán en los próximos cien años”
A sus 58 años, este lingüista nacido en Lisburn, en Irlanda del Norte, pero galés de adopción, ha escrito más de una docena de libros sobre su especialidad y las patologías asociadas a la lingüística. Además de esa labor, que le ha supuesto el reconocimiento mundial, ahora dirige un centro de exhibición de arte.
Es un apuntador de sonidos, un verdadero obrero del lenguaje. Atiende con el mismo interés la charla que mantienen los diplomáticos de la Comisión Europea en los pasillos o la conversación de jóvenes del Harlem neoyorquino apoyados en sus coches. Escucha desde que era un niño, cuando vivía en Gales, una comunidad bilingüe del Reino Unido. La forma diferente de hablar de sus vecinos le sorprendió y nació su interés emocional por el lenguaje. En la universidad, aquella curiosidad se racionalizó. Así es David Crystal (1941), un analista de aquello que nos hace más humanos: el lenguaje.
–¿Qué es el lenguaje para usted?
–El lenguaje significa ser humano. No puedo realizar ningún enlace cultural sin él. Aunque no lo necesito para bailar ni para comer, me resulta imprescindible para explicar si lo que estoy comiendo está bueno o no. El lenguaje es parte de nuestro comportamiento. Es, en definitiva, lo que lo explica.

–Usted ha trabajado durante más de veinte años con personas discapacitadas para hablar, principalmente con sordomudos. Ellos también necesitan el lenguaje. ¿Qué fue lo que más aprendió de ellos?
–He trabajado mucho con personas que no tenían ninguna capacidad para hablar. Los médicos se preguntaban qué hacer con ellos. “Habladles. Eso es todo lo que podéis hacer”, les dije, porque ignorarlos no era ni es la solución. Hay que integrarlos en la sociedad, tratarlos como a los demás. Trabajé especialmente con niños y aprendí algo de cada uno de ellos. Durante más de doscientos años, la medicina ha analizado esta patología desde un punto de vista biológico. Lo que nosotros hacíamos era estudiarla desde un ángulo sociológico, psicológico y cultural. Tratábamos de saber en qué ambiente se hallaba ese niño, cuál era su historia personal. Normalmente estos pequeños tienen una capacidad limitada para aprender. Si los saturas con gramática, con vocabulario, les queda poco o ningún espacio para desarrollar otros aspectos de la comunicación, como la pronunciación. Durante veinte años, también estudiamos el proceso de aprendizaje de los niños normales, quienes a partir de un año usan una palabra por línea. A los dieciocho meses ya ponen dos palabras en esa línea y pronuncian ambas. Poco a poco, la frase se alarga y crece. Investigamos este fenómeno, elaboramos un método y lo aplicamos a los niños discapacitados.

–¿Cuál fue el papel de la música en las terapias que utilizó para ayudar a niños sordos y sordomudos?
–Fundamental. El ritmo es la esencia del lenguaje. Si usted tiene dos bebés, uno español y otro inglés, hasta los nueve meses los sonidos que emiten no se diferenciarán. Pero a partir de entonces, el bebé inglés comienza a decir “ga, ga” con el ritmo de la lengua inglesa y el español lo dice con el ritmo de la lengua castellana. En la enseñanza de un idioma la entonación y la melodía son esenciales. Captar el tono de una lengua es lo primero que se debe enseñar en las escuelas. Pero, habitualmente, esto se deja para el final. Primero se instruye a los niños en gramática, sintaxis, vocabulario, semántica y luego en entonación. Esto es un grave error y es la causa de que haya muchas personas que odien el lenguaje a edades muy tempranas y que después se desentiendan de él.

–¿Cómo enseñaría usted esta asignatura?
–Al principio no necesitaría la palabra para hacerlo. Comenzaría con la melodía del idioma que tengo que enseñar. Una vez aprendida, llegaría a la palabra. Empujaría a los alumnos a pronunciarla de distintas formas para expresar significados y emociones diferentes. Usaría la expresión corporal para enriquecer el significado. De este modo, los alumnos entran en un mundo de asombro, de descubrimiento. Poco a poco querrían y necesitarían saber más sobre el lenguaje y yo los acercaría a ello. Pienso que así llegarían a amar el lenguaje.

–En este momento, usted busca lenguas en proceso de extinción, que recogerá en su libro Lenguas Muertas. ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de este fenómeno?
–Mi gran obsesión durante los últimos tres años ha sido la futura desaparición de muchas lenguas y dialectos. En el mundo existen 6.000, pero dentro de cien años, más de la mitad se habrán extinguido. Las personas se preocupan por salvar animales y plantas, pero olvidan el lenguaje. Se han tomado medidas muy interesantes en algunos países como, por ejemplo, en España con el gallego, el catalán y el eusquera. Sin embargo, en otros lugares del mundo no se ha llevado a cabo ninguna estrategia. Se necesita un cuarto de millón de dólares para realizar los estudios y grabaciones de una lengua en peligro de desaparición. Esta cantidad, multiplicada por las 3.000 lenguas que se hallan en peligro, se convierte en seiscientos millones de dólares. Parece mucho dinero, y lo es, pero Microsoft lo gana en una hora. La mejor solución para este problema es concienciar a las personas de lo que significa esta pérdida.

–El lenguaje es un tesoro visible, pero difícil de descubrir. ¿Cuáles son los caminos para acercarnos a él, a su comprensión y a la de nosotros mismos?
–Ciertamente, las personas piensan que la lengua es algo natural, algo garantizado. Se dan cuenta de la importancia del lenguaje cuando pierden la posibilidad de hablar, cuando tienen que aprender otro idioma o cuando alguien trata de imponerles otra lengua. Desde el inicio de esta década la enseñanza inglesa ha introducido la asignatura de Lengua desde los cinco años. El éxito de esta decisión es considerable. En otros países de Europa, sin embargo, continúan impartiendo esta materia a partir de edades más avanzadas y con un método que la torna aburrida. Hay que enseñar la lengua de la calle, el lenguaje que forma parte de la vida diaria de los niños, no el de Cervantes. El nuevo método de enseñanza de la lengua inglesa en mi país trata de ser realista. Sin embargo, la influencia de la Academia en otros países es fuerte y hace difícil la introducción de cambios en esos métodos.

–La lingüística es una gran casa con diferentes niveles: la gramática, la semántica, la fonología, la fonética, la sintaxis, etcétera. ¿Cuál es la llave que abre esta casa a las personas?
–Lo que yo me preguntaría es esto: ¿en qué calle está la casa?, ¿en qué parte de la ciudad está esa calle?, ¿es una casa que se alza en un barrio donde el argot es norma común o en un área en donde se habla de otro modo? Hay que estudiar, en mi opinión, el contexto de la lengua antes de analizar su vocabulario, su gramática, su sintaxis o su semántica. Hay que mirar la lengua en relación con la realidad que la rodea. Esto es lo que hace la Lingüística Aplicada, que es la más importante para mí. Quién usa la lengua, por qué la emplea de ese modo, cómo la usa, por qué esa lengua aparece en anuncios de publicidad, por qué se escucha en la radio, en las canciones, etcétera, esto es lo que hay que averiguar primero. Luego, puedes estudiar su gramática para saber cómo se estructura esa lengua y llega a la gente.

–Usted ha escrito el libro English As a Global Language o El Inglés como Lengua Global. ¿Qué consecuencias puede tener el avance del inglés en el futuro de la humanidad?
–Durante los próximos cien años el número de personas que hablen inglés como segunda lengua seguirá aumentando. Quizá, más adelante, el imperio económico de los Estados Unidos decaiga y otro lo sustituya expandiendo su propio idioma. Por el momento, la consecuencia de esta realidad es la existencia de una lengua franca, el inglés, que facilita la comunicación entre las personas de distintas nacionalidades. Esto será positivo mientras se mantenga el derecho a la diferencia, al mantenimiento de la propia identidad, mientras muchas lenguas existan en el mundo y el inglés se utilice como lengua franca. Pero si el resto de las lenguas desapareciesen y sólo existiera el inglés, nos hallaríamos ante una catástrofe. Si se pierde la diversidad de las lenguas, se deteriora la esencia de las mismas. Esto sería muy peligroso. Por otro lado, la diferencia hace feliz a la gente. Usted y yo hablamos con una lengua franca, el inglés, y somos felices teniendo nuestra propia lengua. Pero si alguien trata de imponernos una única lengua, diremos que no y habrá un conflicto. Yugoslavia es un claro ejemplo de esto.

–Estadísticamente y según datos extraídos de su Encyclopedia, cuando los ingleses hablan utilizan un 60 por 100 de vocales, un 40 por 100 de consonantes, la mayor parte de sus palabras son monosílabas y la e y la t son las letras más utilizadas tanto en charlas científicas como literarias o periodísticas. ¿Ocurre esto también en otros idiomas?
–Sí, aunque en el caso del español la l sería la consonante más utilizada. Siempre hay una consonante y una vocal que son más frecuentes. Nosotros no nos damos cuenta de la frecuencia con que usamos una vocal o una consonante. Tampoco sabemos que en nuestro cerebro hay 50.000 palabras y 3.000 construcciones gramaticales. Estadísticamente no se puede controlar esta capacidad, pero sí puede intentarse haciendo aproximaciones. Cuando estudias el lenguaje de un autor, la esencia de su estilo, aprendes mucho, pero sabes que él no era consciente de la frecuencia y usos de su propio lenguaje. Si lo fuera, su lenguaje se devastaría. Lo mismo nos ocurriría al resto de las personas.

–Deme tres ideas para mejorar nuestro uso y conocimiento del lenguaje y de nosotros mismos.
–La primera, abrir nuestros ojos a todo. Leer abiertamente anuncios, periódicos, literatura, porque de todo se aprende. La segunda, desarrollar la tolerancia. No condenar a otros porque no pueden hablar o porque hablan de otro modo. Cuando uno va al zoo o a un museo se deleita contemplándolos y dice: “qué maravillosa diversidad”. Lo mismo debe ocurrir cuando escuchamos otros modos de hablar, porque esas lenguas, sus sonidos, sus músicas, están llenas de imaginación y nos enriquecen. La tercera, ser conscientes de nuestra lengua. Hay mucha gente que no puede usarla, como incapacitados o inmigrantes. De hecho, ahí están esas 3.000 lenguas en peligro de extinción y a nadie parece importarle.
Juana Vera

Esta entrevista fue publicada en diciembre de 1999, en el número 223 de MUY Interesante.

lunes, 28 de septiembre de 2009

A este náufrago la cosa se le complicó


Hubiese sido más práctico que le mande una plancha para poner en el fuego y cocinar un pescadito. O quizás, el mensaje tenía un sentido metafórico y se trataba de lanzarse al mar, hacer la plancha y dejarse llevar por las olas.
¿O Dios tendrá algún problema para discriminar fonemas?
O, la naturaleza del lenguaje, ¿no excederá a los fines comunicativos?
En fin, será cuestión de sumergirnos en un campo de discurso y reconocer en el decir múltiples posibilidades de articulaciones generadoras de sentido que exceden al proceso de decodificación.